Mirando hacia atrás, es evidente que las sacudidas sociales de los años 60 se iniciaron a mediados de la década anterior, cuando una “insignificante” Rosa Parks desafió la segregación, a la vez que Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard asestaban el golpe que hizo reaccionar a la industria de la música, al demostrar que había gente esperando otros ritmos distintos del meloso pop blanco.
A mediados de los 50, EE.UU. comenzaba a tomar partido en el lejano conflicto de Vietnam, mientras Allen Ginsberg escribía Aullido, un extenso poema cuya visión alucinada de Norteamérica no dejaría a nadie indiferente.
Con desesperación y desafío, y depositando su esperanza en la gente que desertaba de un impuesto modo de vida americano, Aullido iba más allá de la celebración del viaje por parte de los beatniks para enfurecerse contra el materialismo, la extrema racionalidad burocrática y la insipidez de una forma de ver el mundo que no tenía en cuenta la búsqueda de la felicidad, razones por las que el poema fue objeto de persecuciones e injurias. Treinta años después, el reaccionario editor Norman Podhoretz aún bufaba contra los versos de Ginsberg por, según sus propias palabras “la glorificación de la locura, las drogas y la homosexualidad que contenía, así como el desprecio y el odio generacional hacia todo lo que fuera saludable, normal o decente.” El poeta opinaba, sin embargo: "La poesía ha sido atacada por un aterrorizado hatajo de ignorantes y pelmazos que no comprenden cómo se hace, y el problema con estos cretinos es que tampoco la reconocerían si se les apareciera en mitad de la calle y se los follara a plena luz del día."
Aullido no sólo prefiguró la marea de cambios que se avecinaba; ayudó a crear, además, una salida posible para todo el que se sintiera ajeno a la cultura oficial. Posible, que no fácil, como auguraba el veredicto de Edgar Hoover, director del FBI, que denunciaba a “comunistas, beatniks e intelectuales” como los grupos más peligrosos del país, señalando con dedo pringoso de petróleo a:
“Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.
Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.
Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba a sus pies en Kansas.
Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios"
(Aullido)
El folk seguía siendo un referente para los jóvenes. Peter, Paul and Mary lograron estar entre los diez primeros grupos más vendidos, con el himno pacifista de Pete Seeger “If I Had a Hammer”, y de nuevo al año siguiente con “Blowin' In The Wind”, compuesta por un, entonces, casi desconocido Bob Dylan.
La fulgurante carrera de Mr. Robert Allen Zimmerman representa el brillante crecimiento que aún aguardaba al folk, aunque el cantante, en realidad, fue parte de ese mundo durante un período de tiempo relativamente corto.
Hablaremos de Dylan en el próximo fascículo digital de esta historia, ahora os dejo con lo contenta que estaba Mary, en el Festival de Newport, en 1963, cuando se dio cuenta de que ya tenía un martillo.
Fotografías propias.