Las personas que aparecen en nuestras vidas, no lo hacen por casualidad, esa palabra que cada vez me resulta más sospechosa de esconder motivos. Una explicación sería que ésas, y no otras, han sido atraídas a nosotros, o nos hemos sentido atraídos hacia ellas, por haber nacido cuando y donde lo hicimos, haber sido educados por quienes lo hicieron, por estar en un medio y no en otro. Pero (esta palabra sí que me gusta, es rebelde, provoca, abre puertas, ennoblece la duda) a mí me gusta mucho más pensar que nos hemos encontrado con ellas en otras vidas, porque toda existencia está en ésta, y algo tenemos pendiente de solución.
Cuando recuerdo a la gente que de alguna manera ha sido o es importante para mí, me doy cuenta de que nos hemos elegido, nos hemos distinguido de los demás para formar equipo. Qué mal resultan a veces esos equipos, es verdad, aunque quizá tras la decepción se encuentra la enseñanza.
Tengo que decir que le veo “peros” a la teoría de la reencarnación, me parece que se puede aprender de otra forma, sin sufrir o hacer daño una y otra vez, hasta que se alcanza a comprender la dinámica del asunto; que éste es nuestro tiempo de existencia, que es aquí y ahora cuando tenemos que renacer.
No es que niegue una vida posterior, qué sé yo de esas cosas, pero tengo por cierto que no quiero irme de ésta, la única de la que me acuerdo, sin haberme reencarnado muchas veces.
A vuestra salud, compañeros de viaje.
La pintura es de Vladimir Kush, tomada de:
http://www.pinturayartistas.com/pintar-el-sol-y-el-amanecer/