Un instinto y detrás una cabeza
pensando en abismos simultáneos.
Una curva y el viento avanza en
decúbito lateral izquierdo,
las manos en los bolsillos.
Hace frío de hielo extraño,
hace ruido el lamento del sol
por encima de la herida,
hace falta un salto más, antes de otro.
Ya visto,
gracias a una sustancia oculta en la sangre,
fruto de toda la vida.
Niños eternos jugando a la gallina
que nunca abre los ojos.
Esto es lo que tiene que le guste a una escribir casi en automático, que luego no nos enteramos de lo que digo. Aunque quizá nos estemos refiriendo a lo mismo, vosotros con vuestras cosas y yo con las mías. En cualquier caso, salud, compañeros.