Ya no se escucha el aullido de los montes,
no se tiñe de rojo el prisma de los días iniciáticos.
Ya no hay días iniciáticos, de hecho.
De hecho,
no hay hierba ni Blake ni Whitman ni horizontes
con forma de serpiente señalando nuevas eras.
El éter es herida que no cierra,
Poseidón, un tridente de petróleo
en una playa de plástico.
El mito es un plástico,
si no le quema la llama de nacerse
en la voluntad verbal de la idea y no siente
su carne tibia abrazada al árbol
que une el cielo con la tierra.
Si no es alas de lo dicho por lenguas de jirafas colosales,
ebrias de aire,
hablando a un mundo que intuye apenas
qué están contando.
Fotografía propia