Se puede renegar de lo que has sido, pero no creo que merezca la pena, sería actuar contra ti mismo en un juicio moral éticamente correcto (al menos de momento, la utopía también se transforma), en perjuicio de lo que no tiene más nombre que Justicia, no se ha inventado otro término que asuma mejor la idea, pero es algo más que eso: una especie de belleza que viaja sin moverse de su sitio. Es ver a la Mona Lisa muy pequeña y sin embargo temblar, aunque sepas que puede ser una copia de un amante de da Vinci o de un artesano que se buscaba la vida por Venecia. Es contemplar un ocaso que espanta igual que embelesa, es amanecer despacio sin recordar quién eres ni dónde estás, sentir un eco en la nuca, pero no volver la cabeza, percibir en un suspiro su necesidad.
Renegar es dos veces negar, menos por menos aumenta el resultado, la multiplicación es la suma organizada en dobles negaciones afirmativas, un pan mil veces proyectado, pero con espinas. Me parece que no merece la pena.
“Stop. Acordarme de anotarlo en mi agenda, acordarme de recordarlo.”
P.D.: El título es ése porque sí, y la foto es mía.