La mente consciente es la traicionera. La otra, la que todo lo registra y nos mueve como la rotación de la tierra a las olas, cumple con su trabajo de periodista en primera línea de fuego, pero se ve obligada a hablar en extranjero a causa de la censura que impone la que sonríe diariamente a la cima de la pirámide. ¿No es más honesto, sincero y práctico, recordar todos y cada uno de los momentos que vivimos, para ver de dónde llega esa energía que nos bloquea? Poca gente se acuerda del instante de su nacimiento. Si fuésemos capaces de hacerlo, comprenderíamos muchas cosas. O acudir al instante en que un anciano del que sólo recordamos el gesto, nos entregó con los ojos la pena más grande de nuestra historia. Sabemos tanto, a estas alturas de los milenios, que no es bueno sentir miedo ante la visión de un eclipse de semáforo.
<<Te entiendo, incontables veces te vi desnudo, psíquica y físicamente desnudo, sin máscara, sin etiqueta política, sin orgullo nacional, desnudo como un recién nacido o un general en calzones. Oí entonces tus llantos y lamentaciones; te escuché nombrar, esperanzado, tus amores y desdichas. Te conozco, te entiendo y voy a decirte quién eres, pequeño hombrecito, porque creo en la grandeza de tu futuro, que sin duda te pertenecerá; por eso mismo, antes que nada, mírate a ti mismo.>>
De Wilhelm Reich en “pequeño hombrecito”, os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo: http://www.lafulminante.com/articulos/reich1.pdf
En la foto, él mismo, de pequeño. Si no sabéis quién fue este científico, en la wiki lo explican muy bien:
https://es.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Reich