Era tan especial a la hora de hacer daño... como si no se diese cuenta de lo que hacía, o como si le importara menos que nada, que viene a ser bastante parecido. Contaba con un estupendo olfato para hacer víctimas, a las que guardaba en una cajita de alabastro, tenía una educación exquisita.
Poseía ese sentido tan desarrollado porque no fumaba, lo cual no es un hecho insólito; lo notable consiste en que no quería que lo hiciese nadie, y, si no podía evitarlo, una vocecita en su cabeza le impedía el sueño por las noches. Pobre hombre, eso es digno de lástima, no me digan ustedes que no. Bueno, pueden decir lo que quieran.
Todo el mundo es consciente del buen olfato de quien no fuma, a no ser que algún inconveniente, como una mala sinusitis, se lo impida. También es público y notorio el perfecto gusto que le ofrecen sus impolutas papilas, a no ser que se le rebele la lengua, claro, o del buen estado de sus pulmones, a no ser que viva en una ciudad; también creía que, con un poco de suerte, le tocarían las quinielas sin jugar, pero eso entra ya dentro de otras cuestiones que, aunque sin mucha importancia en cuanto a lo que nos ocupa en estos momentos, no están exentas de un cierto interés, puesto que sugieren cómo reaccionaba su mente.
El apéndice que los genes le habían otorgado hacía juego con aquella singular capacidad olfativa: era inmenso, una playa, un misil lanzado a cualquier parte, un portaviones sobre las aguas. Hubieran podido asentarse los habitantes de medio Macao dentro de aquellas increíbles fosas, en las que aún había sitio para el otro medio, ya que la población de aquella antigua colonia no llega a las 700.000 almas.
Un día sobrevino lo inevitable: que murió, como cualquier otro animal sobre la tierra, y fue desapareciendo como lo hacen los cuerpos, o sea, por medio de unos seres chiquitos, invertebrados, de cuerpo blando y alargado, de sección esférica y sin patitas.
"La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!"
(Últimas palabras de César Augusto, emperador romano)
Pintura de Magritte, tomada de: http://atenas.cervantes.es/FichasCultura/Ficha112142_07_1.htm