¡Saludos a la comunidad hispanohablante de steemit!
¡Mi nombre, es Blanca!
Mi filosofía de vida es que no existe tal cosa como la verdad absoluta, excepto quizás por el hecho de que somos polvo.
En donde yo vivo, una ciudad de Venezuela bordeando el río Orinoco llamada Ciudad Bolívar, las mañanas se inician antes que el sol, y eso requiere una cantidad considerable de café. Mi café favorito es el de grano molido, porque en esta ciudad tal cosa como el café instantáneo no existe (y, si existe, sería siendo considerado un lujo, o una gran mentira). El café negro y con poco azúcar es al cual llamo "el despertador", mientras que el guarapo (una clase de café más diluído en agua) dulce es el café del medio día.
Aunque sinceramente, vivir en Venezuela y poder beber café, es un lujo que no se imaginan, así que mis mañanas con café tienen los días bien contados.
Los días inician antes que el sol, por el mero hecho de que nadie sabe si el día de hoy el transporte público estará funcionando en la ciudad, y desde antes que el cielo termine de aclararse, miles de bolivarenses ya están en las calles de la ciudad, en las paradas, y en los autobuses.
Sabemos cuándo salimos de casa, pero no sabemos con certeza a qué hora regresaremos a ella.
No existe tal cosa como la verdad absoluta, exceptuando quizás el hecho de que somos polvo, que el transporte en mi ciudad es catastrófico y que el café es lo único que me mantiene andando la mayoría de los días ¡No discutan conmigo en esto!
Tengo 16 años, pero he trabajado desde que tengo 14. La situación amerita tales acciones, por lo que desde temprana edad he aprendido que si quiero algo, la forma más rápida de conseguirlo es buscarlo por mi cuenta.
A pesar de trabajar desde tan corta edad (corta, digo yo, y aún no estoy cerca de la mayoría de edad), estoy lejos de ser independiente de mis padres, por el simple hecho de que actualmente vivir sola sería un objetivo muy difícil de conseguir -tachando la palabra imposible, bajo la premisa de que no hay tal cosa como una verdad absoluta.
Soy Blanca, pero realmente no soy blanca siendo que mi piel es morena, así que mi nombre es una mezcla de tradición familiar y una broma muy mala. Comparto nombre con mi abuela, la cual solo por referencia, tampoco tiene piel blanca.
Entre mis pasatiempos tengo cocinar, un arte que he refinado mediante cortes de pulgar, quemadas en las manos y falta de comida e ingredientes. Ya les digo yo, que cocinar en Venezuela es un acto de magia. También me gusta escribir, dibujar y leer.
No me considero optimista sino realista, y eso me ha ganado coscorrones a lo largo de la vida, sin embargo no tengo miedo de admitir que pienso que mi futuro se encuentra fuera de mi país. Tal cosa como la verdad absoluta no existe, pero soy realista y no veo al país que me vio nacer comenzar a mejorar hasta dentro de quizás otra década ¡Y quien sabe si seguiré sana para ver tal cosa!
Opino que los jóvenes deberíamos tener la decisión de cómo y dónde comenzar a construír nuestras vidas, y si el país que nos vio nacer no proporciona las herramientas necesarias para continuar tal tarea en nuestro hogar, no estamos en la obligación de quedarnos. El país en el que mi padre salió de la pobreza y donde mi madre tuvo una infancia de niña rica, no es el mismo en el que yo he tenido que trabajar desde los 14 y caminar durante horas bajo el abrasador sol del medio día.
Es ya algo común, que incluso las personas dentro de Venezuela, extrañen Venezuela, y yo me encuentro dentro de esa población.
Sin embargo esta presentación ya se ha hecho larga, el café ya está caliente y yo me tengo que despedir. ¡Nos veremos en un siguiente post!