Yo a veces miro al cielo,
y me pregunto qué yo miro.
Si las nubes danzarinas,
paseando en su blanco abrigo,
o los cielos tan azules,
tan azules que casi miro,
la luna y todas las estrellas,
junto al sol de las doce y pico.
Yo a veces miro tus ojos,
y me pregunto por qué miro.
Por qué miro si siempre me pierdo,
y caigo en su abismal vacío.
Me pierdo en pozos de chocolate,
me pierdo como se pierde un niño
en los brazos de una madre,
buscando consuelo, buscando abrigo.
Yo a veces me pregunto,
por qué será que yo te miro
como mira un poeta
a la luna y a su vino.
Te miro como se miran,
las flores blancas y los labios tintos.
Te miro esperando que un día,
tu me mires como yo te miro.
Yo quisiera no mirarte,
pero te juro que lo olvido,
cuando tu piel blanca y ojos oscuros
se aparecen en mi camino.
Se me olvida que no me miras,
no me miras como yo te miro,
pero en tu abrazo siempre me pierdo,
buscando consuelo, buscando abrigo.
Te miro pues eres bella,
como las nubes en su blanco abrigo
paseando en el cielo celeste,
junto al sol de las doce y pico.
Tu a otros miras,
y yo a ti te miro.
Te miro y se que no me miras,
como yo a las estrellas miro.
Así que no miraré de nuevo,
y sin consuelo y sin abrigo,
yo partiré de nuevo,
sin flores blancas ni labios tintos.
Si siempre miro hacia adelante,
eventualmente en el camino,
tu piel blanca volverá
con tus ojos chocolates
y su abismal vacío.
Vacíos pues no me miran
-y jamás me han de mirar-.
Y como ella no me mira,
yo volteo,
y no la miro.
[TE MIRO || Córdova Caccavale]