Desde que nací en esta tierra,
de todo el mundo he oído,
que quien se enamora de lejos,
es un pendejo bien jodido.
Esta historia inició,
hace poco más de cuatro años,
cuando la vida no me daba tanta vueltas,
cuando yo a nadie hacía ningún daño.
Ella fue un saludo tímido,
entre un mar de otros halagos
hacia mi supuesta buena escritura,
hacia mi supuesto talento nato.
Hace tiempo que yo al mundo
ni el padre nuestro le creo.
Y yo a los desconocidos,
no me los tomo muy a pecho.
Sin embargo yo esperaba,
tan ansiosa como siempre,
las palabras de esta desconocida,
que se había vuelto mi fiel oyente.
De la abundancia del corazón habla la boca,
y entre las letras se lee lo que tiene tu alma.
Cada semana impaciente,
yo esperaba su llegada.
Preguntándome si ese día,
volvería a alabar mis palabras.
Pasadas las semanas, y pasados los halagos,
ella su historia escribió,
y sus letras decidí seguir
como mi nueva biblia, como mi nuevo canto.
Mis palabras eran travesía,
emociones desenfrenadas y giros inesperados.
Y sus párrafos eran tranquilos,
sombríos, bien madurados.
Quizás aquella vez,
primero me enamoré de sus palabras tranquilas,
sin saber que en ese momento,
todo cambiaría en mi vida.
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