Aunque no llegué a ejercer la docencia después de obtener el diplomado del Componente Docente, su certificado me ha servido de mucho para participar en talleres, foros y simposios sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), que me han nutrido de conocimientos invaluables para entender esta condición psicológica y poder interactuar de manera más eficiente con las personas TEA. Entre los más interesantes talleres a los que asistí el de diagnóstico TEA, preparado para docentes de preescolar, me pareció imprescindible para comprender la importancia de reconocer lo antes posible esta condición en los niños que la poseen y el impacto que ejerce en ellos la educación preescolar regular cuando se integran a ésta sin tener la más mínima sospecha de su padecimiento; por su importancia dedicaré un artículo exclusivo a la educación en el niño TEA en los siguientes post.
Antes de continuar con este tema, debo hacer la salvedad de informar que el espectro del trastorno autista es tan amplio que muchos especialistas están de acuerdo en que cada caso es diferente uno del otro, aunque existen algunas características psicológicas y comportamentales en común que delatan la presencia de esta condición en el niño; no obstante, muchas de estas características pueden derivar de otras anomalías que no tienen que ver con el autismo, por lo que es indispensable realizarle algunas pruebas neurológicas de despistaje antes de dar por asentado que el niño posee una condición TEA. También deseo dejar claro que los casos más severos de esta condición son más fáciles de detectar que los niños autistas de más alto rendimiento (TEA+), por lo que me referiré a estos últimos en lo que resta de este artículo.
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Entre los dos y tres años de edad el niño TEA+ comienza a mostrar señales de su condición al interactuar con sus compañeritos del entorno en educación regular y por su comportamiento en el salón de clase, de manera que, en la mayoría de los casos, son los docentes quienes se dan cuenta de primero que el infante presenta una dificultad, incluso antes que sus propios padres. He aquí la importancia de la capacitación del personal docente para afinar su sentido de observación y poder realizar un diagnóstico TEA lo antes posible, ya que los tratamientos para esta condición resultan más eficientes en la medida en que a más temprana edad se aplican.
Estas señales se generalizan en comportamientos como:
- Desobediencia a la maestra: Al no entender el código comunicacional que emplea la docente, como naturalmente debe hacer dentro del sistema de educación regular, el niño TEA+ reacciona evadiendo las actividades a realizar, como pararse de la mesa de trabajo y ponerse a rayar las paredes mientras el resto de sus compañeros permanecen sentados. Muestra adversión hacia la maestra cuando ésta se dirige directamente a él, con llanto, pataleo o tumbando algunos útiles que se encuentren sobre la mesa.
- Rechazar a sus compañeros de clase: El rechazo a la sociabilización es la característica más enfática del niño TEA+. Al igual que la maestra, los niños intentan comunicarse con un lenguaje que él no entiende, aunque si llega a comprender que sus compañeros se entienden entre ellos, así como éstos entienden a la maestra. El sentirse diferente de los demás a tan corta edad le hace sentirse amenazado cuando algún niño busca interactuar con él, y solo encuentra refugio en sí mismo, por lo que crea una coraza de repulsión con sus semejantes devolviendo una respuesta agresiva y queriendo aislarse en su introversión.
- Retardo en el habla: El mayor número de casos TEA presenta como denominador común la dificultad para articular fonemas, cuando el resto de sus compañeritos ya balbucean palabras sencillas. Por su permanente silencio este rasgo cognitivo es uno de los más discriminatorios en la detección de la condición autista al distinguirse del resto de los alumnos.
La reincidencia constante de estas singularidades pone en evidencia la presencia de alguna dificultad y la posibilidad de que sea un niño TEA, por lo que la docente, al percatarse del comportamiento inusual, deberá comunicarlo lo antes posible a los padres para que comiencen a hacer las pruebas de despistaje hasta dar con el origen del problema. Por ser el espectro de trastorno autista tan amplio, los tipos de conducta a edad preescolar pueden variar en cada caso; de esta forma, el principal recurso del que se puede valer la maestra es al compararlo con el comportamiento promedio de sus alumnos, para luego ser observado con detenimiento y poder elaborar un informe descriptivo de sus actividades.