“Hay golpes tan fuertes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!”
Hoy María dio un paseo y salió a ver el mundo a través de otros ojos. Hoy nació la Reina ¡Qué fortuna! ¡Dios salve a la reina! Hoy tuve al amor en mis manos y lloré ¿me equivoco? Si, no fue amor, ni sé que es. Hoy los mensajes fueron a parar a otro lugar… Seguramente fue la Reina quien los recibió. Hoy quedé con un amigo a las ocho. [Mi habitación está realmente oscura] ¿Cómo era eso de esperar los días con ansia? Hoy hace seis años mi ceja todavía no era bicolor, y hay un cigarro que espera entre los compartimientos de mi bolso. Ya llevo ocho tazas de café y perdí la cuenta de cuánto tomo al día: Disculpen el mal aliento; con esta escasez sólo compro bicarbonato. Pero hoy, hoy llegó César Vallejo, y llegó con los Heraldos negros.
“Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. “
“Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el destino blasfema"
Hoy no recuerdo qué soñé, seguramente es lo mismo de hace un mes. Hoy hace un año me regalaron una cámara, que dejará de tomar fotos. Hoy parece un día cualquiera, pero “vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada”.
-¡Ay, César Vallejo! ¿Por qué has venido hoy? “Todos saben que vivo, que mastico… y no saben por qué en mi verso chirrían, oscuro sinsabor de féretro, luyidos vientos desenroscados de la esfinge preguntona del Desierto”. ¿Por qué has traído tú, a los Heraldos negros? Tal vez me responda y me cite con algún verso ¡Por qué, Vallejo! ¡Dime! ¿Por qué se padece tanto dolor?
“Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo, grave”
Hoy César Vallejo celebró a mi lado.