No querer partir es entrar en la sombra
Dejar de lado tu piel en sortilegios
Es no alcanzar el calor embriagado por el tiempo
Atamos los suspiros a cálidos pensamientos
El lamento lejano es un pretexto confuso
Mientras acariciamos los arenales
Ha llegado el momento de la distancia
Quejarnos ante la soledad
Sobre un corazón profundamente lacerado
Tus ojos están cargados de misterios adormecidos
Pero la plaza donde descansan las escusas
Un marino se alojo aplazando su viaje
El dolor no puede habitar dentro del alma
Taciturna
Mientras se consume el candelabro de suspiros inconclusos.