Hace unos días caminaba por el jardín tendiendo trapos cuando de repente, ante mi cernió la silueta de una mariposa. Revoloteaba sobre los lirios naranjas, coqueteando ó como bien dicen por aquí, “sacando cuadro”. Indignada ante mi indiferencia, la mariposa se posó sobre el monte que tenía a mis pies, y se quedó allí inmóvil. Cuando por fin note su presencia, me llamó la atención algo peculiar en ella: estaba rota. ¿Cómo podía volar así?, es más ¿cómo podía estar viva? Pero lo que realmente me inquietó en su vapuleo incesante, era que podría jurar que aquella mariposa moribunda me estaba diciendo algo. En el momento que despegó sus alas y emprendió el vuelo lo entendí. Todo aquel dolor que te alberga y te destroza solo te hace más hermosa, y si no mira las estrellas, tan rotas, esparcidas y distantes.
Esta foto fue tomada con la cámara de un teléfono Huawei Ascend P6.
Hasta una próxima...