Los peores miedos de un guerrero yacen ocultados en lo más profundo de la tierra y su voluntad naciente viva ya se encontraba; en el pequeño riachuelo observa su propio reflejo que en llamas vivas nacía frenético y poderoso. Desvaina su espada en base de su propia voluntad, su valentía estaba en lo más alto de sus expectativas, y ahora se encontraba agitado en compañía de sus agallas llenas de ímpetu.