¿Han pensado alguna vez en el mal contexto que le damos a las frases y refranes de uso diario? En una de mis largas caminatas a casa estuve analizando y llegué a la conclusión de que nos hemos acostumbrado a usar las palabras sin pensar en el verdadero significado que le damos a las cosas con ello, o la manera indiscriminada en la que esto alimenta al señor prejuicio dentro de nuestra memoria y ancla ideas erradas a nuestra percepción.
La primera que vino a mi mente fue esa famosa "vale más malo conocido que bueno por conocer" y la forma en que había escuchado a tía Nancy repetirla cada vez que se le preguntaba el por qué querría regresar con su infiel esposo. Aun cuando tal vez el contexto sea diferente, no dejo de asociarlo a una situación como esa.
Seguía mi camino y como es costumbre en las calles de mi país, me encontré un basurero despedazado. Alguien acababa de darse un festín con las bolsas y había dejado la escena del crimen intacta, siguiendo unos metros más adelante pude divisar a los culpables... Una pareja de peludos que rebuscaba entre las bolsas para completar su almuerzo. Los miré por unos instantes mientras se acercaba una señora lanzándoles piedras, dejando en claro los peligros de acercarse a bestias salvajes.
Mi charla conmigo tomaba ahora otro rumbo mientras dejaba atrás a aquella loca: La vida de perros. Cuando usamos esa frase, siempre nos referimos a una vida dura y difícil de soportar, ¿pero es a eso a lo que resumimos la vida de un can? Si hablamos del perro promedio, me atrevo a decir que esa idea esconde entre mal llamada lástima algo de envidia.
Como Delgado, que agradece más que nadie algo tan simple como la jardinera frente a la casa en las horas de la tarde.
Los perros llevan una vida corta regida por el agradecimiento y la inocencia que aunque en algunos casos está lejos de ser fácil, no se me asemeja mucho a lo que la frase "vida de perros" parece estar ligada.
El perro no mide de clases o razas, no tiene pudor al comunicarse, y puede meter su nariz en la cola del más limpio bulldog francés o en la de cualquier perro callejero sin discriminar de ninguna manera.
No se preocupa por espacios, y mientras muchos pensarían que lo ideal es que descansen bajo techo, con una cama, almohadas y una manta. El perro promedio es feliz descansando en cualquier lugar fresco, con la suficiente humedad.

Rufo tampoco distingue, y se emociona con sus paseos al parque como si fueran la mejor aventura de su vida todos los días.
Aunque insistamos en humanizarlos, el perro es el mismo. No distingue entre exóticas comidas o la basura de la cocina aun cuando no tenga hambre, o esté muy aburrido y probablemente tampoco se tome el tiempo de diferenciar entre sus exclusivos juguetes y tus zapatos, la navidad y sus cohetes con el fin del mundo o los cojines de tu mamá y el más intenso romance que hayan tenido.
De nuevo Delgado, escondiéndose del fin del mundo.
Volviendo a nuestras erróneas formas de usar las palabras, pero siguiendo con la idea de los peludos, es más común que pensemos que toda esta idea de la triste vida de perros se limita a perros sin hogar. Un error que se parece mucho al de asociar la palabra "Humildad" con la pobreza. Es como si sobreentendiéramos que es el hecho de que estemos nosotros para darles un techo lo que determina que vayan a ser felices.
Tal parece que nos hemos acostumbrado a la idea de que la mejor opción para un canino es estar en nuestros patios. Pero lo cierto del caso es que el éxito perruno se alcanza cuando consiguen el amor suficiente para vivir tranquilos.Un perro puede ser tan feliz corriendo bajo la lluvia en las calles como siendo mimado en casa y pude ser maltratado tanto por alguna loca que les lance piedras en los estacionamientos cuando buscan comida o por algún dueño sin escrúpulos.
"La vida de perros más que dura es admirable, el perro es feliz con poco y está siempre agradecido. Tienen reacciones puras y sinceras ante cualquier buen gesto, y pueden dar lecciones de lo que la fidelidad significa cualquier día de la semana".

Mientras me armaba esa conclusión me di cuenta de que Khaleesi se acercaba batiendo la cola y con la nariz llena de tierra como de costumbre para saludarme, estaba llegando a casa. Mi charla conmigo me había acortado el camino y me había dejado el regalo de sentirme agradecida por rodearme de peludas fuentes de buena energía.
"La gratitud es la base de la humildad, a su vez la humildad es la base del respeto, el respeto es la base del amor y este es nada menos que la base de la plenitud."
Y a ustedes... ¿Les gustaría tener una Vida de perros?
Todas las imágenes son fotos personales, tomadas con mi teléfono "inteligente". Gracias a todos ustedes por leer, ¡besitos!