Nos tiramos en la cama sin tener delicadeza y hundiendo el colchón con todas las fuerzas como unos animales ardiendo de deseo, nos empezamos a besar tan fuerte y caliente que solo nos ocasiona mojarnos, los besos nos llena de electricidad por todo el cuerpo como una chispa que enciende toda la llama de una pasión. Me queman tus besos, me quemas por dentro, tus labios tienen la forma perfecta para besar cada parte de mi cuerpo, tienen la dosis de adicción con ese sabor amargo, dulce, divino, adictivo…
Nos devoramos en la cama, moviéndonos al ritmo del compás, con la sintonía perfecta, con la química que nos hace sudar, me tocas con tus dedos hasta dentro de mí, nos elevamos con todas las ganas sin darnos cuenta, puedo sentir como nuestros cuerpos están en el aire moviéndose sensual y brusco a la vez.
Me agarras con toda la fuerza, me agarras las nalgas como si no quisieras que se fueran jamás del poder de tus manos, yo con mas pasión me emociono y te beso más fuerte, nos movemos más rápido y nuestro sudor recorriendo todo nuestro cuerpo, en ese momento nos pegamos mucho más y te digo con mi mirada que soy tuya, que me tienes toda por ese instante y capaz para un siempre…
Justo ahí cuando llega el punto de encontrarnos en nuestros gemidos de placer y el orgasmo que sabemos que va a explotar, te veo y me ves, nuestras miradas se pierden una con la otra, nos mordemos los labios, nos empiezan a temblar las piernas y más rápido nos movemos al saber que ya estamos a punto de llegar al éxtasis del placer, ese placer que va más allá de un simple orgasmo, sino, del orgasmo más grande a punto de salir, reteniéndolo solo un poco para luego dejar que salga con toda su fuerza.
Gritamos de placer comiéndonos la boca, retorciéndonos el cuerpo y vibrando desde el cuerpo hasta nuestras almas, ya complacientes de nuestro gran orgasmo y con una sonrisa pícara, de haber logrado un momento perfecto lleno de pasión, lleno de deseo y amor, y con un suspiro que sale de nuestras bocas.