Uno de los tantos viajes mágicos.
Era yo en ese lugar, un lugar nunca antes visitado, un lugar que estaba en mi lista de destinos por conocer antes de morir.
Como olvidar ese instante cuando iba vía a mi destino, que con solo pensarlo me llena de alegría y de anhelo. Era una oportunidad muy importante para mí ya que desde que era muy pequeña siempre que veía fotos de ese lugar me emocionaba, me hacía desear ir a conocerlo. Y puedo recordar que abundaba la naturaleza, esa fuerte brisa en la cara que me rozaba y el olor a selva que entraba en el carro.
SABIAS QUE…
En la Gran Sabana se encuentra el tepuy más alto, el famoso Roraima con 2810 msnm, siendo el punto más alto de las montañas de pico plano (tepuyes), y es uno de los lugares más antiguos de la corteza terrestre. Ubicado en el Parque Nacional Canaima.
Era perfecto todo lo que veía, la sabana tan hermosa con su fauna y misterios ocultos, los saltos tan grandes, los ríos y las cascadas tan refrescantes con la claridad de sus aguas.
Qué lugar tan mágico, tan inesperado y asombroso…
Podía observar cómo era visitada por una gran cantidad de turistas de todas partes de Venezuela y el mundo. Se deleitaban por la belleza de los sitios de interés, con la diversidad de las especies de fauna y flora. Todos de distintas culturas, razas e ideologías, pero había algo en común que tenía que ser respetado.
Cuidar a la Gran Sabana
Gracias a los grupos étnicos que viven en la Gran Sabana, la etnia de los Pemones que se dividen en tres grupos: Arekunas, Taurepanes y Kamarakotos, ellos se encargaban en los pueblos y las comunidades de preservar el paisaje, eran muy amables cuando los conocí, siempre dispuestos a ayudar, a guiarnos, y a enseñarnos el lugar. Ya que son habitantes nativos de la Gran Sabana.
Me enamore de todo, de su gente, de su naturaleza, de lo que transmite al estar ahí, la relajación total que llegaba a tener, sus vistas muy espectaculares, el frio de noche que me hacia tomar un chocolate caliente mientras contaba historias.
Estar ahí de verdad que daba magia, me llenaba de intriga, de ansiedad, de aventura y no era necesario dar muchos pasos para encontrar lugares bonitos, ideal para pasear solo, en grupo y hasta en pareja. Fue un descubrimiento inesperado, donde ahora solo sé que existe un lugar al que siempre querré regresar, querré ir a relajarme y cambiar totalmente. Todo era sinónimo de libertad, y eso me hizo comprender que son los lugares que hacen los momentos increíbles
