El cuerpo humano está constituido por diversos órganos que operan como sistemas otorgándole la complejidad necesaria para comportarse de manera sinérgica en el logro de la homeóstasis -estado de “equilibrio” transitorio-, mientras ejecuta sus procesos metabólicos de desarrollo y reproducción, entre otros. De manera didáctica podemos presentarlos como sistemas de sostén y movimiento (óseo y muscular), sistemas de mantenimiento (cardiovascular, renal, linfático, respiratorio, digestivo, reproductivo) y sistemas de control, coordinación e integración (nerviosa y endocrina), respecto al cual versa –en parte- este post.
En principio, es necesario acotar la estrecha vinculación entre el tejido nervioso y endocrino en su tarea de monitorear el conjunto de estímulos ambientales ajenos al cuerpo –extracorpóreos- y aquellos que a lo interno deben ser considerados para su procesamiento y respuestas. La red de fibras nerviosas, en su versión somática o especial, garantiza la recepción aferente de impulsos bioeléctricos hacia los centros de procesamiento espinal y encefálicos, así como las vías eferentes de respuesta para su ejecución por parte de otros tejidos y órganos de forma particular o sistémica. Entre tanto el circuito endocrino opera con apoyo en la data nerviosa, pero, valiéndose de una logística propia catapultada por la naturaleza química de sus mensajeros: las hormonas.
Las hormonas, son sustancias químicas producidas por un tipo de tejido denominado endocrino en virtud de su capacidad para sintetizar y secretar estas sustancias –no a la luz de órganos- sino al torrente sanguíneo, propiciando el transporte hacia las células receptoras (llamadas blanco o diana), donde surtirán los efectos específicos deseados como respuesta ante determinados eventos ordinarios o extraordinarios. De acuerdo a su carácter químico pueden clasificarse como esteroideas, péptido-proteicas, eicosanoides y aminas biogénicas, y con base en ello presentan un comportamiento y mecanismo de acción o de transducción de señales determinados en la diana.
Los mecanismos de acción hormonal los describiré en otra oportunidad con más detalles, pero, por lo pronto conviene saber que –las hormonas- según puedan atravesar la membrana plasmática para llegar al núcleo celular o necesiten segundos mensajeros para completar su tarea de control, tienen una ruta metabólica diferente. En el primer caso se ponen en marcha de manera expedita procesos intracelulares activadores de la expresión génica –transcripción y traducción- para producir las proteínas estructurales o enzimáticas, razón por la cual son rotulados como mecanismos de acción intracelular, precisamente destacando su forma de actuar y aprovechando su liposolubilidad; mientras que en los casos donde no puede atravesar la bicapa lipídica (por ser hidrosolubles) es menester la asistencia de intermediarios coadyuvantes en su propósito celular, denominándose mecanismos de acción de segundo mensajero.
Una vez realizadas las respectivas acotaciones, corresponde desarrollar lo referido a los órganos a cargo de la labor de control, coordinación e integración desde la perspectiva endocrina, haciendo la salvedad que en algunos casos, no se trata de tejidos exclusivamente dedicados a esa tarea, sino que la comparten con otras labores biológicas. Me refiero, en particular al hipotálamo, región cerebral directora del proceso, por ser parte logística integradora de los sistemas nervioso y endocrino. Recibe señales de diversas regiones y órganos sensoriales, controla la sed, temperatura y otros parámetros, además de sintetizar hormonas como la oxitocina y vasopresina, aparte de –al menos- nueve mensajeros liberadores e inhibidores del tejido adenohipofisario.
Toda la hipófisis –anterior y posterior- con tan solo el tamaño aproximado de un grano de caraota, comporta un papel fisiológico sinérgico con el hipotálamo por varias razones, a saber: están anatómicamente vinculados por el infundíbulo, las hormonas hipotalámicas son almacenadas en la neurohipófisis y, además, la regulación liberadora e inhibidora hipotalámica sobre los 5 tipos de células presentes en la adenohipófisis, permite sincronizar la transducción de señales químicas sobre las glándulas operativas -tiroides, gónadas, suprarrenales, paratiroides, páncreas- y demás tejidos efectores de las respuestas orgánicas. Con ello, el eje hipotálamo, hipófisis y glándulas es el responsable de la actividad de crecimiento, desarrollo, metabolismo y homeostasis del cuerpo.
La tarea directora del hipotálamo es viable por la secreción de las nueve hormonas –péptido-proteicas- encargadas de estimular (liberar) e inhibir al tejido blanco adenohipofisario en cuanto a la producción de sus propias hormonas. Por ejemplo, la hipotalámica liberadora de la gonadotropina, propicia en las células diana gonadotrópicas, la síntesis de la hormona luteinizante (LH) y folículo estimulante (FSH), cuyas receptores específicos están circunscritos a las gónadas en cuanto a la regulación de las actividades y características sexuales y reproductivas.
Una dinámica similar opera con los mensajeros químicos liberadores de la hormona de crecimiento humano (GH), con su versión inhibidora -llamadas también somatocrinina y somatostatina, respectivamente-, para que la GH actué sobre los tejidos diana en todo el cuerpo (principalmente en huesos y músculos), a lo que se adiciona su acción diabetogénica e influyente en el metabolismo de la glucosa. La acción estimuladora también proviene de la hormona liberadora de la tirotropina que, de por sí, tiene una ruta a parte, en relación con la calcitonina, tiroxina y triyodotironina.
Otra dupla de hormonas liberadoras e inhibidoras hipotalámicas está referida a la prolactina, respecto al hecho que la adenohipófisis activa sus células lactotropas para generar la señal química propiciadora en las glándulas mamarias de la producción de leche, en agonismo con la oxitocina para garantizar el amamantamiento del neonato.
Las células tirotropas, corticotrópicas, gonadotrópicas y melanocitos, solo son influenciadas por hormonas estimulantes hipotalámicas, y todas las hormonas adenohipofisarias son de carácter hidrosoluble, por su naturaleza péptido-proteica, acudiendo a mecanismos de acción de segundo mensajero para activar la respuesta celular en sus dianas.
Como se ha podido observar, el eje hipotalámico-hipofisario-glándulas operativas es un cóctel químico que opera para regir el control, coordinación e integración -desde la perspectiva endocrina- de las funciones que apuntan hacia la homeóstasis, pero que pasan por multiplicidad de eventos asociados al desarrollo, crecimiento, equilibrio electroquímico y reproducción del cuerpo humano.
A lo anterior hay que acotar que existen órganos con tejido cuya función endocrina no es exclusiva, como en los casos del tracto gastrointestinal, fibras cardíacas auriculares, páncreas e incluso la placenta, cuya detección en sangre y orina –de la Gonadotropina Coriónica Humana- representa una prueba fehaciente de embarazo.
El eje, al que me he referido, es la base bioquímica detrás de la producción de leche, el estrés o sosiego, ovulación, crecimiento del cabello, aumento de la presión arterial, pigmentación de la piel, incremento de la masa ósea y un sin número de otras condiciones de la anatomía y fisiología humanas.
También las fisiopatologías, encuentran explicación en el control neuroendocrino: como el gigantismo, la osteoporosis, diabetes mellitus o insípida, infertilidad, impotencia, amenorrea, aldosteronismo y condiciones particulares para determinados grupos etarios o étnicos, entre otros factores intervinientes.
Este sistema de control de carácter hormonal, también da explicaciones a los comportamientos humanos empíricos de carácter sexual, así como a los volitivos e introspectivos relacionados con el amor y las relaciones humanas, pero, deja un foro neuroendocrino de discusión abierto para abordar la connotación bioquímica del raciocinio con tendencia hacia respuestas en el sistema nervioso o en el endocrino, o posiciones eclécticas que apuntan a la sinergia.
Sobre lo primero –actividad sexual, hormonas y amor-, hay certeza de próximos post con ideas para proponer, explicar y debatir, pero, también me gustaría conocer sus opiniones respecto a la relación de la neocorteza y la intersubjetividad con la química hormonal, dado que –desde mi perspectiva- observo que es más conspicua la evidencia empírica y documental referida a la vinculación con los aspectos objetivos y subjetivos de la conducta humana y el eje hipotálamo-hipófisis-glándula.
Ganong, W. ( 1996 ). Fisiología Médica. Decimoquinta. Edición en español. Editorial El Manual Moderno: México.
Moyes, C. y Schulte, P.( 2007) Principios de Fisiología Animal. 1era Edición.Editorial Pearson.Addison-Wesley.
Padrón, J. (2014). Notas Sobre Enfoques Epistemológicos, Estilos de Pensamiento y Paradigmas. Proyecto de Epistemología en DVD. Doctorado en Ciencias Humanas. LUZ. [Documento en Línea] Disponible:
Tórtora y Derrickson.( 2013 ). Principios de Fisiología y Anatomía. 11va edición. Editorial Harcourt Brace: Madrid.
Van de Graff, K. Y Ward Rhees, R. (1989) Anatomía y Fisiología Humanas. México: Interamericana-McGraw-Hill.
Las imágenes compuestas fueron procesadas por el autor con dispositivo Tablet Samsung 10.1 y el programa Power Point para convertirlas en .jpg
En todas las redes sociales soy 