La industria de los ICO (Initial Coin Offerings) está ganando mucho interés últimamente. Las startups se apoyan de la oferta inicial de monedas para recaudar dinero directamente del público, sin pasar por el riguroso proceso que exigen los bancos y los capitalistas de riesgo. Mientras que hay ICO confiables, esta industria también ha atraído a muchos estafadores.
Diferencias
Un ICO suele compararse con un IPO (Initial Public Offering). Sin embargo, hay mucha diferencia. Mientras que el primero simplemente vende un whitepaper técnico a los inversionistas, el último necesita un registro con reguladores. En Estados Unidos, las empresas que deseen optar por el IPO deben presentar una constancia de registro ante el SEC (Securities and Exchange Commission) y el FINRA (Financial Industry Regulatory Authority).
Con el SEC involucrado, el proceso puede tomar hasta seis meses para que el trámite sea efectivo. Durante ese tiempo, las actividades de la empresa en cuestión estarán restringidas y por lo general deberá trabajar en todo momento con el SEC para garantizar su cumplimiento. El engorroso proceso para el IPO ahuyenta a la mayoría de los estafadores.
Riesgos
Ya que con el ICO no hay una regulación estricta, los responsables de un proyecto pueden escribir cualquier cosa en sus whitepapers. A menudo, de manera intencional, omiten información importante que les permita a los inversores juzgar sobre la legitimidad del proyecto. Muchas personas invierten a ciegas, desconociendo partes fundamentales de la tecnología de la criptomoneda que se está ofertando, y solo esperan a que la misma suba de precio en los exchangers. Obviamente es una situación de la cual los malos actores toman ventaja.
Con el tiempo, los ICO deberían brindar mejores whitepapers, documentación detallada y mejor comunicación. Una vez que los estándares y las expectativas se eleven, los malos actores tendrán muy pocas posibilidades de triunfar.