El pasado viernes, cientos de llamadas recibidas por la Policía Nacional alertaban de un hecho tan inusual como difícil de explicar. La plaza del Callao de Madrid fue testigo de una bacanal sin precedentes en plena vía pública.
Un hecho aún sin explicar ha conmocionado a la sociedad madrileña y a los cientos de turistas que paseaban por el centro hace escasos días. Un caso tan desconcertante que incluso la policía científica se ha visto involucrada en la investigación. Según declaraciones de la comisariía al frente del caso, es posible que las personas que participaron en la descomunal orgía, fuesen víctimas del ataque de algún agente químico presente en el lugar de los hechos.
Trescientas veintiséis personas, con edades comprendidas entre los diecinueve y los setenta y tres años, están siendo interrogadas debido a su participación en los hechos que han conmovido a la opinión pública. Al parecer no existe relación alguna entre todas estas personas, por lo que se ha descartado un plan premeditado de acción social, o como algunos han llamado “shock social”.
Las cámaras de seguridad del ayuntamiento de Madrid han desvelado cómo se iniciaron los primeros acercamientos y las consiguientes actividades sexuales que se llevaron a cabo en plena calle. Los participantes han asegurado haber sido empujados por un torrente de emociones y sensaciones tan potentes que fueron incapaces de controlarlas. En un primer momento, cuando el grupo inicial no superaba la docena de personas, sólo hubieron besos y caricias superficiales. Los supuestos desconocidos no pudieron resistir la fuerte atracción que se despertó entre ellos, de manera que empezaron a interactuar sin ni siquiera mediar palabra.
La lujuria tomó la calle y los besos y caricias se tornaron gemidos y obscenos tocamientos. A pesar del frío propio del mes de Enero los participantes no dudaron en desprenderse de sus ropas, las cuales iban cayendo al suelo como las hojas en el Otoño. La mayoría de las personas cercanas a la escena, lejos de salir corriendo enseguida, entraban en comunión con lo que allí estaba ocurriendo y la orgía comenzó a tomar proporciones difíciles de creer. Sólo los adultos que paseaban junto a sus familiares menores consiguieron escapar del poder de la desatada lujuria.
Fue entonces cuando los vecinos, escandalizados y visiblemente alterados, que contemplaban la escena desde sus ventanas y balcones, empezaron a hacer llamadas al 091. La policía aún tardó algunos minutos en llegar al lugar de los hechos. Mientras tanto, el sexo había tomado las calles. Cientos de personas fornicaban de mil y una maneras como si no hubiese un mañana. No había mentes, sólo cuerpos y deseo. Según cuentan los testigos que consiguieron librarse del influjo de la lujuria, nadie hablaba, sólo se oía el placer en forma de gemidos y gritos de todos los colores.
Corre el rumor que cuando llegaron los primeros agentes, al menos seis de ellos también participaron de los placeres de la carne. El departamento de Policía no ha hecho declaraciones al respecto. Además, se nos ha pedido a los medios que guardemos la mayor discreción posible en cuanto a la identidad de los detenidos, ya que todos ellos aseguran no haber sido dueños de sus actos.
Los primeros análisis médicos a los que se han visto sometidos los participantes no han detectado ninguna substancia que estos hubiesen podido inhalar o absorber por la piel o las mucosas. Tenemos conocimiento de que varias de las detenidas han solicitado la píldora abortiva como medida cautelar ante un posible embarazo no deseado.
La policía ha confiscado todas las grabaciones que las cámaras de seguridad, tanto del ayuntamiento como de varias empresas privadas, obtuvieron allí. La comisaria ha asegurado que una vez aclarado el caso, se destruirán todas las copias para mantener la privacidad de los participantes a salvo. Aunque debido al hecho de que aún no se ha determinado si esas personas son culpables o no, dichas grabaciones quedan a disposición judicial hasta que todo se haya aclarado.
La noticia, que se extendió rápidamente por Internet, ha creado toda una legión de adeptos que ahora promueven el llamado movimiento “Libertad a Lujuria”. La red social, Steemit parece ser el lugar de encuentro para todos los simpatizantes de esta iniciativa que propone dar rienda suelta a la lujuria personal en lugares públicos. La policía ya está haciendo un seguimiento de toda esta actividad que no ha dejado de crecer desde que se dio a conocer la noticia.
Se han producido también varios enfrentamientos entre grupos conservadores, que acusan de inmoral y pervertido todo lo ocurrido, y los que reclaman la expresión de las propias pasiones como algo sano, natural y libre. El debate está servido.