Al mirarse en él, el Emperador fue presa del horror. Aquel artefacto no solo reflejaba un cuerpo desnudo, sino además decrépito, sembrado de yagas y úlceras. La cara, que seguía siendo la suya, se veía deformada por el peso de tantos años de vidas y haciendas perdidas en nombre de verdades insostenibles.
“¡Apresen al brujo que hizo esto!”, gritó alguien con el espanto vivo en la voz. “¡No! Déjenlo”. Contraordenó el Emperador, mientras bajaba la cabeza. “No es su culpa. El espejo solo dice la verdad. Si me deforma, es porque la deformación se ha vuelto nuestra esencia”.
Para el fabricante del espejo la clemencia real era irrelevante. Horas después de entregar el encargo, aprovechando la oscuridad, huyó con diecinueve familias, buscando un lugar costero donde asentarse. Se diría que su huida tuvo que ver con un asesinato en defensa del honor y una pelea de gallos. Le esperaban veintiséis meses de travesía por la sierra nevada y los pantanos, se detendrían en un lugar llano, más allá de la ciénaga, junto a un río. Allí fundaría otro pueblo para otra historia.
Ilustración izquierda Ilustración derecha
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Este cuento se escribió como entrada al concurso "Homenaje a Rodari: Concurso de escritura creativa 2: Que ocurriría si…" de y
. Espero disfruten su lectura tanto como disfruté escribiéndolo. Saludos, mis Steemad@s.