“Ya me di cuenta que no es lo que era
de eso se da cuenta cualquiera…”
Scornik/Calamaro
La ciudad se ha llenado de relojes
y no hablo de silenciosos cuenta vidas digitales
Son agujas señalando el cierre de ciclos
con el martillar de gotas del tiempo sobre la oscura conciencia]
La calle se ha poblado de silencios
y las ausencias definitivas
hurgan el alma con impertinencia de peluqueras de la vieja escuela]
Se va desvistiendo la muerte, pacientemente,
como siempre lo ha hecho
Me deja verla sin prisa, sin pasión,
sin preguntas, sin sueño
Prometiéndome un último orgasmo
que demora entre sus piernas.
Las avenidas son espejos de la memoria
y los cementerios son armarios donde se guarda el olvido
mientras los relojes empeñados en marcar el tiempo que nos queda
desesperan a los yonquis
urgidos de agujas que no giren
sino que apunten a la cabeza.
Las divas de mi rojo cabaret
una a una se han marchado, la última
sin decir adiós, tras una larga y tierna despedida
Cada cosa en la ciudad ha trocado su esencia en tiempo pasado
Toda la ciudad es un reloj
que ya no marca las horas
como suplica un viejo bolero cortavenas
Es una señal de tiempo muerto
que solo sirve para desesperar
a los que esperan.