Mi amor no se esfuma, ni con los vicios ni con belleza. Te anhelo por la mañana y por la noche, duermo poco, fumo mucho. Te espero.
Los atardeceres retratan tu alma, un destello de luz y uno de penumbra. Ese encuentro magnifico en el que los cielos hacen el amor y muestran su alma, te veo.
Le pedí a Dios una respuesta, una respuesta me dio. Pero la esperanza es de mártires insensatos, si no se aferra a la mitificación de las realidades o utopías, entonces flota sin ancla al suelo. Entonces no encuentra limites, no se supedita en nada más que en la brisa. Quizás sea cierto que el ateo sufre el doble. Imagínese usted, entonces, lo alto que puede volar y la fuerza de su terrible aterrizaje.
La esperanza no cree ni en contextos ni en situaciones, la esperanza rara vez muere. Es así como describo mis faenas, la esperanza de encontrarte mañana me levanta temprano. La esperanza de sentirte por la noche me espabila.
Me pierdo en la idea de encontrarte, de escuchar tu voz diciendo que me quieres. Me pierdo imaginando que me quieres. La esperanza no muere.