colgada del cielo
como un farolito
que puso mi Dios
para que alumbrara
las noches calladas
de este pueblo viejo
de mi corazón
de casas pequeñitas
por tus calles tranquilas
corrió mi juventud
donde aprendí a querer
por la primera vez
y nunca me enseñaste
lo que es la ingratitud...
Esta canción no la hicieron para mi pueblo; de hecho, ni siquiera es venezolana, es del gran compositor colombiano José A. Morales quien, supongo, la hizo para un pueblo muy similar al mío porque cada vez que la escucho juro que hablan de mi terruño, Altamira de Cáceres, un pueblito metido en el piedemonte andino rodeado de altos y abundantes árboles, con caminos húmedos, ríos y quebradas de abundante caudal y hermosas caídas de agua, donde todo es verde durante todo el año y los cables de electricidad son "peludos"...
Hoy mi Altamira cumple 441 años de su fundación... Algunos tenemos la manía de hacer un recuento en nuestro cumpleaños, una recapitulación para desandar nuestros caminos y evaluar lo que hemos hecho. Yo, que soy fanática de las listas, siempre hago dos para estas cosas, pongo lo bueno de un lado y lo no tan bueno del otro.
Del lado de lo bueno, mi Altamira hermosa, tengo que poner a tu gente que te ama, que te quiere bonito, esa gente que no desmaya, que se empeña en mantenerte viva, en mantener tus costumbres y tradiciones, en hacer de cada momento algo significativo, buscando siempre un beneficio, no el suyo propio sino el tuyo, pueblito viejo; esa gente que a pesar de los golpes y las dificultades insiste en hacer lo necesario para mantener viva tu llama. A toda esa gente va hoy mis felicitaciones, ustedes SON Altamira de Cáceres, ustedes son la esencia y espíritu de este pueblito de 441 años que parece suspendido en el tiempo y se resiste a desaparecer.
Del lado de lo no tan bueno, no es algo que me haga sentir bien pero hay que decirlo. Con mucha tristeza tengo que reconocer que los altamireños hemos dejado que nuestro pueblo se venga a menos en muchos aspectos, hemos sido descuidados y hay quienes han sabido aprovecharse de ese descuido para destruir nuestros bienes más preciados: la paz y la tranquilidad que siempre había reinado allí, la abundancia de recursos naturales y el disfrute de esos recursos, pero sobre todo el respeto entre nuestros vecinos. En Altamira se podía dormir con las puertas abiertas, no era raro ver bicicletas en las calles que amanecían allí, en el mismo sitio donde la habías dejado. Ahora eso no es posible, ni eso ni salir a caminar en la noche sin dejar el teléfono en la casa. Tampoco puedes tomarle una bonita foto a las Cataratas del Silencio o al Chorrerón porque es posible que en el camino te roben la cámara... Un lugar donde todo mundo se conoce por nombre y apellido, donde la gente confiaba en sus vecinos y vivíamos en paz. ¿Y las autoridades qué hacen? Pues mira, no lo sé pero resguardar a Altamira y a los altamireños no es, ni tampoco trabajar por el pueblo porque en un lugar donde llueve a cántaros durante 13 meses al año no se explica uno que a media mañana se quede sin agua. ¿ Y es culpa de las autoridades? Sí, bastante porque son quienes disponen de los recursos para actuar tanto en un aspecto como en el otro, pero no enteramente. Si tú como habitante no haces nada, ni siquiera quejarte de lo que sabes que está ocurriendo y vives en carne propia, entonces esas cosas seguirán ocurriendo. El tema del agua no es sólo un asunto de gestión, es también de conciencia. La naciente de la que se alimenta el pueblo, La Chayota, siempre había sido cuidada por los habitantes, no se permitía rozar ni deforestar cerca de ésta. Al parecer eso ya no es así, unos inconscientes decidieron talar en la zona y a mi entender nadie hizo nada; ¿la consecuencia? el pueblo se queda sin agua cada cierto tiempo... Y así muchas cosas más...
¿Qué nos pasó? No lo sé, estamos como adormecidos y seguimos permitiendo que algunas personas -unas del pueblo, otras foráneas- nos arrebaten lo que siempre nos distinguió de otros lugares, es triste que haya gente del propio pueblo aprovechándose de sus vecinos, llegando incluso al maltrato y a la agresión y no somos capaces de poner un punto final a esa situación... Tendríamos que decir BASTA y poner a cada quien en su lugar, los buenos somos más, sobre todo en Altamira.
Por ahora, sólo me queda desear que los años no pasen en vano, que 441 años (no son pocos!) se noten en tus calles, que ese orgullo de llamarnos Altamireños se convierta en bienestar y progreso para cada uno de los que allí habitan, que cada 30 de junio lo celebremos con regocijo, sin miedos, con fraternidad como fue alguna vez... Somos de las primeras ciudades fundadas en Venezuela, eso tendría que significar algo...
Mientras tanto...