Miles de pensamientos y situaciones pasaron por su mente y la vida le cayó encima. Corrió y se adentró en un profundo y espeso bosque lleno de árboles inmensos, un lugar donde apenas pasaba la luz. Se alejó del mundo evitando las complicaciones de el.
Pero el mundo corría tras de ella, en sus pensamientos y emociones. No podía dejar nada de lo que huía atrás, era como si las situaciones no se despegarán de ella, sin embargo, se adentró en la soledad. Buscaba momentos de introspección, para curar, para sanar las heridas que llevaba consigo pero era muy difícil hacerlo sola. Ella era testaruda y orgullosa, no quería que nadie supiera qué estaba pasando y por eso se adentraba en el bosque buscando soledad.
Un día cayó una torrencial tormenta y ella permaneció ahí en el bosque, protegiéndose mientras los demás saltaban y brincaban bajo las fuertes gotas de lluvia. Así se sentía bien, en su mundo de soledad y lejanía, pero al mismo tiempo deseaba poder salir de allí y que todo los problemas desaparecieran y dejarán de doler.
Esa joven sigue visitando el bosque, protegiéndose de algo que ni ella misma sabe qué es. Quizás protegiéndose de ella misma, quizás protegiendo a los demás de ella. Y mantiene su soledad aunque muera por compañía. Se guarda su dolor para soltarlo en ese lugar de soledad donde se miente a ella misma creyendo que encuentra calma.
Ella sigue intentando continuar, pero sigue aferrada al bosque de la soledad.
Eres siempre bienvenido a leer y compartir las experiencias, emociones y sentimientos que muchas veces me consumen, además de cualquier cosa loca que se me ocurra escribir.
Espero que las fotografías sean de su agrado.
Fotografías de mi autoría tomadas con Huawei P7.
Cuando no sabes qué escribir
3:00 a.m. la hora del demonio — Relato