las flores hermosas que adornan los pasillos,
las luces incandescentes de tan bella morada,
son las que se alistan para la boda esperada.
Un vestido blanco como la nieve,
un smoking tipo pingüino que ya espera en el altar.
Pasos cortos son los que anteceden a una larga y futura vida,
de dos almas que se unirán en una hermosa promesa.
Los invitados esperan en las bancas de la perpetua iglesia,
con sonrisas ansiosas de la unión perfecta.
Los padrinos, con más nervios que el novio, son los que lo acompañan
y las damas todas vestidas igual, aguardando el inicio del ciclo nupcial.
Camino del brazo de mi hermano, mi padre ya no está,
pero dejó bajo su responsabilidad, cuidar de la niña que hoy se hace mujer.
Miro a todos lados y pisando pétalos de rosas me voy acercando,
hacía el momento que recordaré por siempre.
Mamá llora de emoción y mi futura suegra por perder a su único hijo varón.
Todos de alguna manera derraman lágrimas,
la pequeña del hogar, se casa por amor y no por obligación.
El futuro puede ser incierto, pero camino a dar la respuesta que tanto espero.
Llego y soy entregada al hombre de mis sueños y que yo elegí.
Su mirada profunda y con un brillo sin igual, es la que siempre anhelé observar.
Tomo su mano dejando el ramo a un lado, es hora de las promesas eternas.
Después del sermón para un vida en fidelidad, vino el deseado “Sí acepto” que ya no se podía controlar.
La niña de papá, hoy se convirtió en la señora de su nuevo hogar.
Se comparten risas y aplausos de un logro tan esperado,
“Seamos uno” me susurró mi gran amor
y con gran emoción salimos corriendo hacia nuestra esperada felicidad.
Resuenan las campanas, una boda ha sido realizada.
Resuenan las campanas, dos almas se unen en la esperanza.
Resuenan las campanas, lo que se unió no se separa.
Resuenan las campanas, papá desde el cielo sonríe por su niña enamorada.