Esta obra fue realizada con motivo de participar en el concurso de escritura organizado por, si deseas participar las bases las puedes encontrar aquí.
Clavel
Pesadillas, pesadillas en esta noche sin luna. Me levanté de mi cama acalorado con el sueño escapado de mí. Un ruido que provino de la casa desolada de al lado llamó mi atención con curiosidad y pánico. Los niños llamaban a esa casa “Clavel” porque ese era el nombre de su última dueña.
Decidí averiguar por mí mismo como si una fuerza invisible me impulsara para saber el origen de la peculiaridad. Me escurrí por un agujero que había en la cerca que separaba esa casa de la mía, y me introduje por una pequeña puerta estrecha y deteriorada que conducía a un especie de sótano. Los ruidos inclementes se hacían más claros, parecían gritos de guerra.
Caminé por un pasillo pequeño y oscuro hasta una entrada sin puerta que despedía una luz incandescente. Miré de reojo escondido, y vi un salón enorme con un montón de mujeres desnudas en una especie de satánico ritual. Bailaban, cantaban y reían sobre un octagrama extendido por todo el suelo.
Sus gargantas exhalaban con brío una energía impresionante.
¡Fua! Fua! ¡Fua!
Era el ruido que expulsaban de sus bocas mientras se ofrecían ante la maligna fuerza que invocaban. Había ocho canastas con bebes adentro, pensaba que las cosas no se podían poner más extrañas, hasta que vi lo que sucedió después…
Encendieron llamas fatuas en el epicentro de su círculo y…, aventaron a los bebes. ¡Dios mío! ¡Arrojaron a los bebes a las ardientes brasas!, ya en ese punto mis ojos no podían seguir…
El olor a carne quemada estrujó mi estómago, mareándome, queriendo hacerme vomitar, pero me contuve aunque no seguí mirando por un rato… pero después, volví a activar mi observación. Una horda de cánticos siniestros se sumó a la danza infernal, y una de ellas, comenzó a posarse frente al fuego, y vociferó.
—¡Escúchennos Padre y Madre, espero que este sacrificio sea suficiente para el cumplimiento de nuestro embrujo! ¡El encantamiento pronto tomará su lugar y el día de las Lacrimaes llegará!
En ese instante me eché para atrás despavorido e hice un ruido. Todas se dieron cuenta y acudieron a mí. Me pusieron sus manos encima y a partir de allí, no recuerdo más. Desperté de nuevo en mi cama, con el corazón a mil. Salté de la cama exaltado y miré por la ventana a la casa de al lado, ¿una pesadilla nueva esta noche?
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