«La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo.»
— Galileo Galilei
El visitante de Isabel
Ay Dios, te suplico que me arrebates el sueño para siempre, no quiero volver al mundo de Morfeo, que para mí, se ha convertido en un cruel y despiadado Hades. No es para nada normal que siempre esté atrapada en el mismo sueño, debería soñar otras cosas, otros ambientes, con otras… personas.
Desde hace tres noches siempre es igual. Yo estoy aquí en mi cuarto, en mi inocencia, sentada en la misma silla de madera mirando hacia la imponente luna que brilla observando a través de mi ventana, siempre está ahí, vigilante.
Pero una figura desconocida siempre se interpone, entre la luna y yo. No me deja sentir en todo mi cuerpo el baño de su resplandor. Aquella figura, negra como una sombra, sin un rostro que la identifique, con ojos tan grandes que parecen dos lunas llenas, dos menudentes resplandores.
Siempre es el mismo sueño donde la figura siempre está observándome, no sé lo que quiere. Al principio no me molestaba, pero ya después de un rato mi cuerpo se carga de miedo, al siempre ver aquella figura inhumana observándome tras la ventana. Nunca se mueve, siempre está ahí. En la misma posición, con sus ojos enormes blancos y fulgentes.
Este último sueño ha sido el peor de todos, esta vez, no quiero dormir jamás, porque la figura inhumana se movió de su posición, no sé cómo lo hizo, ni en qué momento. Horrorizada me di cuenta que algo estaba junto a mí. No quiero ni pensar lo que hará la próxima vez.
Esta entrada fue creada con motivo de participar en el concurso de microrrelatos de terror organizado por
en su semana 10. Si quieres participar en este concurso, las pautas las puedes revisar aquí.
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