Años de desarrollo científico, proyectos fallidos, debates morales y luchas contra la iglesia, de quiebras mundiales y guerras que casi nos eliminan del mapa... Lo habíamos logrado. Desde que el humano encontró la manera de vincular la tecnología y biología, el mundo cambió. Ya no necesitábamos comer, ya no necesitábamos dormir, ya no necesitábamos interactuar con otras personas... El mundo se había tornado grisaceo y no lo sabían, encerrados en celdas, controlados por la élite que los mantenía gordos y felices.
En este universo la mezcla de tecnología y vida trajo consigo un monopolio siniestro, donde las personas vivían en simulaciones de tiempos mas felices, mientras trabajaban en estas vidas virtuales con el simple propósito de hacer mas ricos a aquellos en el poder. Este mundo no tiene una historia, pues estoy puliendo el universo en el que una hipotética historia podría estar creada.
La felicidad real no existe en estas ciudades. Estas personas nacen, viven toda su vida dentro de una simulación y luego expiran. Cualquier atisbo de felicidad que conozcan será artificial, un producto de un mundo que mas allá de ser virtual, nunca existirá fuera de sus mentes.
Sin embargo, existen grupos que logran quedarse escondidos de las prisiones, en las ciudades antíguas, estas personas viven bajo reglas primitivas. Sostienen rituales salvajes, sacrificios, ofrendas a Dioses que no conocen por prosperidad. Estas son las personas que se negaron a vivir bajo una simulación, o que de alguna manera han logrado escapar de ellas. A este grupo se le conoce como los marginados, y su única diferencia de los hombres de las ciudades es que su forma es superior en muchos sentidos, por el constante ejercicio físico al que está sometido su cuerpo. Niegan la tecnología en su vida, en ocasiones incluso evitando facilitarse sus vidas, por miedo a la dependencia de ella, pero podría ser la clave para su supervivencia.
Alejandro León