Para mí este día es de celebración porque amo a los gatos, desde muy pequeña he estado rodeada de ellos y me fascinan. También, estoy completamente en contra de su maltrato, nunca he podido entender cómo puede existir gente tan mala que disfruta abandonándolos y haciéndoles daño. Hace 11 años llegué a tener 50 gatos, sí, CINCUENTA. ¿Parece una locura? Puede ser, pero para mí no. Creo que es el sueño de cualquier amante de los gatos :).
En la foto: Perla, sacándome la lengua ;).
Actualmente tengo dos gatitas muy tremendas y comelonas, pero súper cariñosas y divertidas. A veces salen regañadas por jugar a las 2:00 am y correr por toda la casa haciendo ruido y desordenando. Hay personas que no entienden que los animales pueden ser como unos niños. Por eso hay que saber entenderlos y proporcionarles todos sus cuidados, sobre todo, hay que darles mucho amor.
En la foto: Niña y yo.
Todos los que tienen animales me comprenderán cuando les diga que perderlos duele muchísimo. Es como si te quitaran una parte de ti, son tu familia. Cuando mi primera gata murió, no paré de llorar, fue horrible. Tenía problemas respiratorios y le dio un paro. La tuve conmigo una década: mi mamá me la regaló cuando yo tenía nueve años y fue mi fiel compañera hasta los diecinueve.
En la foto: mi bella Pelusa ♥.
¿Y dónde están los cincuenta gatos? ¿No hay fotos? Lamentablemente, no. Para ese momento no teníamos cámara fotográfica, así que no quedó registro alguno de la gran familia gatuna. Solo hay testigos: nuestros vecinos y todos los que venían a la casa a visitarnos. Se impactaban con la cantidad de gatitos que veían asomados por ahí, de todos los tamaños, edades y colores. ¿Cómo llegamos a tener esa cantidad de mininos? Pues... esta gatica picarona que acaban de ver en la foto anterior era la madre de todos. Pelusa tuvo nueve partos, de ahí comenzó a reproducirse la familia.
En la foto: Señora Pelusa y Mickey.
Antes de que muriera Pelusa, llegó Perla. Ambas compartieron varios meses juntas en los que Pelusa se encargó de enseñarle quién era la reina de la casa. No dudó ni un minuto en ponerla en su lugar cuando se pasaba de la raya, pero Perla aprendió sabiamente.
En la foto: Perla, cuando una amiga me la regaló. Así de chiquita llegó a la casa.
En la foto: Pelusa y Perla. Me disculpan la calidad de la foto, es la única que tengo de ellas dos juntas :(.
Tiempo después de que Pelusa se fuera de este mundo, añadimos a Niña a la familia. ¿Cómo llegó? Resulta que una inhumana pasó en frente de mi edificio botando a una cría de gatitos por la ventana de su camioneta. Los fue lanzando conforme circulaba, regándolos por toda la cuadra. Mi gata aterrizó en la puerta de mi edificio y desde ese entonces es mía. Cabe acotar que no le gusta que la cargue cerca de una ventana abierta, se pone muy nerviosa. Supongo que le quedó el trauma de chiquita. ¡Tranquila, bebé, yo no te voy a abandonar!
¿Quién no es un peluche? :)
En las fotos: Niña.
¡Nos encanta la ropa limpia!
En la foto: Niña y Perla.
Al final, convivimos con estas dos loquitas que nos alegran todos los días. Nada como el amor de los gatos ♥. Cada vez que llegamos a la casa, Niña siempre nos espera en la puerta, los gatos también establecen vínculos con sus dueños aunque muchos digan que no. Gracias por leerme. ¡Espero que les haya gustado este post y que amen a los gatos tanto como yo! Todas las imágenes fueron tomadas por mí, algunas con mi cámara Olympus E-520 y otras con mi celular Blu Life Pure.
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