La naturaleza del ser humano es evitar a toda costa la introspección. Siempre tratamos de huir para no enfrentarnos a nuestras equivocaciones, fracasos y defectos. En el fondo tenemos miedo de nosotros mismos. Por eso a veces nos cuesta tanto callar la mente, sentarnos a meditar y estar solos. No nos damos cuenta, con el ajetreo de la vida diaria, de lo importante que es eso y de que una mente en calma funciona mejor. Atrévete a alejarte del ruido aunque sea por un rato.
Aquí les comparto, entonces, la expresión de mi silencio a través de un poema.
A veces el silencio
te remueve los recuerdos,
te despierta las tristezas,
te alimenta las confusiones.
A veces el silencio
te convoca los demonios,
te desordena la mente y
te lastima a medianoche.
Te enfrenta contigo mismo,
te pone a pelear con tu ego.
Te enseña más que el ruido
y la lluvia de tus ojos.
Pero también aparecen
espejismos idealizados,
realidades paralelas y
sombras asesinas.
Arlequines tenebrosos,
conversaciones en el aire,
gritos de hambre y de
desesperada violencia.
Obras de tragicomedia,
recuerdos vagos,
ilusiones perdidas y
fotografías viejas.
A veces el silencio
te atormenta el alma,
te mutila el aire,
te ahoga la paz.
Te reverbera el deseo,
te carcome el ansia,
te desnuda el odio y
te aísla en el desierto.
¡Espero que les haya gustado y muchas gracias por leer!
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