Leandro siempre había sido el corazón del equipo de fútbol 5 de su barrio. No era el más rápido ni el más hábil, pero tenía una visión del juego que pocos podían igualar. Además, su perseverancia y buen humor eran contagiosos. En cada partido, su pie derecho parecía una extensión de su alma futbolera: preciso, poderoso, lleno de pasión.
Todo cambió una noche de jueves. El partido estaba reñido, 3-3 a pocos minutos del final. Leandro recibió el balón cerca del área, listo para ensayar uno de sus característicos remates. Pero cuando giró para tomar impulso, su pie derecho pareció traicionarlo. Sintió un dolor agudo que lo hizo desplomarse. Los gritos se ahogaron en el silencio del susto. "Es el tobillo", diagnosticó con un susurro el amigo que acudió a socorrerlo. Y así, entre el hielo improvisado y los ánimos del equipo, terminó su noche... y, por un tiempo, sus partidos.
El médico fue claro: reposo absoluto, nada de fútbol. Para Leandro, esas palabras eran como un castigo, pero también un reto. No iba a dejar que una lesión lo separara del equipo. Así que, tan pronto como pudo ponerse de pie con muletas, Leandro decidió que no faltaría a ni un solo encuentro.
El sábado siguiente, llegó a la cancha un poco más temprano que de costumbre. Se acomodó en un rincón con una sonrisa forzada, viendo cómo sus compañeros calentaban. Por dentro, la nostalgia lo golpeaba, pero no dejaba que nadie lo notara. Desde la orilla, gritaba indicaciones, aplaudía jugadas y arengaba al grupo como si fuera el propio entrenador.
Los muchachos, inspirados por su presencia, jugaron con una intensidad especial. "Es como si todavía estuvieras en la cancha", le dijo uno de ellos al final del partido, entre risas y abrazos. Y aunque Leandro no podía anotar goles ni dar asistencias, se dio cuenta de que aún podía ser parte de algo más grande: el espíritu del equipo.
Con el tiempo, su pie derecho sanaría, pero esas semanas desde la banca le enseñaron una lección inesperada: el fútbol no era solo correr y patear, era también estar, apoyar y sentir. Y en ese sentido, él nunca había dejado de jugar.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.