Mi hermano menor empezó a trabajar a la edad de 16 años como camillero en el Hospital Militar de la ciudad de Maracaibo. Mi mamá, que ya está jubilada de esa institución, lo metió a trabajar desde muy joven como castigo por haber perdido el 4to año de bachillerato, para que él mismo se pagara sus estudios.
Así lo hizo. Y no sólo se costeó los dos años que le faltaban para culminar el bachillerato, sino que también pudo pagar su carrera de abogado gracias a este trabajo. En el hospital trabajó por 10 años, hasta que recibió su título de abogado.
Hablando ayer con él revivimos algunas de las historias paranormales de las que fue testigo en sus guardias nocturnas en la sala de urgencias de ese hospital (él trabajaba de noche ya que de esta forma ganaba más).
La morgue del terror
Resulta que la morgue del Hospital Militar de Maracaibo era un cuarto no muy grande, que permitía almacenar 6 cuerpos en cavas refrigeradas para tales fines. Este cuarto queda justo al lado de la sala de urgencias, por lo que todo el mundo pasa frente a ella sin siquiera darse cuenta.
Varias noches mi hermano tenía que trasladar a los pacientes en silla de ruedas y camillas, y muchas veces también debía trasladar a los pacientes que fallecían a la morgue, los cuales debía cargarlos en el hombro cuando las cavas de nivel inferior estaban ocupadas. No existía una escalera que permitiera acceder a las cavas refrigeradas superiores y debían poner a los muertos casi que tirándolos dentro.
Una noche a eso de las 3 am cuando ya se había ido a dormir, de repente se despierta sintiendo un fuerte peso encima del hombro, como si estuviera cargando todavía a uno de los difuntos que tantas veces colocaba en las cavas. Asustado le levanta y alumbra con la luz de su celular y no tiene nada en su hombro.
Esto le pasó unas 5 noches en los 10 años que estuvo trabajando en el hospital. Me dice que los demás compañeros camilleros de mi hermano llegaron a sentir lo mismo en las noches cuando descansaban, después de las 12 de la noche.