Les cuento. Aquí, en el kiosko de la imagen que recrea este relato, , la Sra. Carmen con una sonrisa amable y bochinchera nos dice que todo aquel que compra en su local, vuelve para continuar con las chácharas que agrega como un "plus" a su peculiar atención. Es una diosa con sus manos rellenitas y de colores como la nucita: negritas por un lado y blanquitas por otro, esto lo observaba mientras peleaba con el cuchillo mientras pelaba las yucas para hacer buñuelos; que por cierto, llegué tarde para degustar de esas delicias en forma de bolitas dulces. Según la Sra. Carmen, es lo primero que se le vende. Ella los bendice, los enaltece, son los que le dan la comida, los estudios y la tranquilidad segura "pa mis muchachos", dice Carmencita, sin dejar de reír.
Por ningún motivo se dejó fotografiar, sabiendo que tiene una risa encantadora, su tiempo no le ha permitido teñir sus canas, y en tal sentido, cuando le pedí el permiso para capturarle su risota, revuelta de reír y reír me responde e insiste que "NOOOOOO, usted está loca?, míreme cómo estoy... impresentable para que usté ande presentándome por ahí", y continua la risa "jajajajajajajajaja"
Luego de reposar con el encanto del calor, la brisa, y la risa permanente de Carmen, nos despedimos, seguros de volver a estacionarnos con la maravillosa mujer y sus naiboas que lleva 35 años años en este lugar, refugio de viajantes en busca de mirar las cosas buenas y dulces como Carmen, y su estirpe venezolana.
¡Necesarias son muchas señoras Carmen para los caminos! Y tú, mi querido viajero de steemit, ¿te has encontrado a mujeres como Carmen alguna vez?
- Imágenes tomadas por mí a través del lente de una cámara Nikon
- También pueden seguir mis rutas a través de mi cuenta en Instagram @viajeradelr