Por la huida, luego de la caída del imperio Romano, los venecianos que eran de tierra firme, corrieron a refugiarse en los pantanos de algunas de estas islas, lo más sorprendente es que su estancia en estos suelos era provisional, sin embargo, fueron formando su forma de subsistir a los saqueos y persecuciones haciendo, HOY, de Venecia, un lugar turístico por excelencia en esta “bota europea”.
Al entrar a Italia, ya se siente el olor a salsas, comida, algarabía, y más cuando estuve por los días de sus carnavales y enloquecía por cada máscara más fantasiosa que otra, queriendo comprarme todas. No sé si se trataba por la época de invierno, pero aquello que muchos me decían sobre el olor putrefacto de Venecia, no me hizo ningún efecto negativo, pues, nunca me olió tan grave la cosa como me la pintaron, entonces, me dispuse a caminar a caminar y caminar sus puentes y navegar en Góndola por los lugares más iconos de este encantador lugar.
Pasta, la que me sirven con manos expertas y con el toque de descuido para que se vea más suculenta la cosa, tal y como cualquier arepera que se respete en Venezuela, me dejaron perpleja de los sabores auténticos de su cocina. Así como nuestra sazón es a base del ají dulce, para ellos las especias y el queso les basta para hacer de su cocina un manjar a la boca. En artes culinarias, para no ser tan precisa, se me alborotaron todos mis ancestros de historias universales “Antes de Cristo”, sobre nuestras raíces entrelazadas con el continente americano.
Mientras el gondolero paseaba y cantaba, remando con la tranquilidad necesaria que todo viajero requiere, nos señalaba algunas edificaciones resaltantes de la zona, tales como el palacio de Casanova, el Palacio de Justicia y la cárcel para las duras épocas inquisidoras. Hay una anécdota que quiero resaltar, queridos viajeros Steemianos, y es que mientras íbamos por los canales, el gondolero nos señala el “puente de los suspiros”. Yo, en mi nota jipi y romanticona, suspiro y con la cara de “tonta” me volteo y le preguntó por qué le llaman así, si es que acaso se cantaban serenatas o paseaban los enamorados furtivos. ¡Pues no!, nuestro guía sobre aguas, comienza a relatar que ese puente une el palacio de justicia con la cárcel. Una vez que a los presos les daban su sentencia, ellos pasaban por ese puente y en su ventanal admiraban el paisaje, suspiraban y continuaban a cumplir su condena en un calabozo sin más que las cuatro paredes que lo encierra. ¡¡Me sentí tan triste!! En fin, son gajes del oficio de ser viajera, encontrarnos con todo tipo de historias que al final, nos hacen crecer inmensamente con la solidaridad y la pertenencia de tu tierra abiertamente.
Fue una delicia el paseo, no solo por su comida, la góndola, sino también visitar un taller de arte murano. Otra actividad antiquísima y de mucha belleza. Pero valga lo que cuestan!!!
En sí, fueron años de lucha de los venecianos, huyendo de la malicia para establecerse en un lugar que era imposible imaginar hacerlo con los recursos de la época y veamos lo que son ahora. Con la actual tecnología están reforzando las plataformas y las estacas para darle mayor soporte, dado por el aumento de población y edificios, respetando las normas de su construcción.
Vale la pena el paseo. No solo por su encanto de ser la “ciudad flotante”, sino de degustar la entrada a Italia por tierra desde Suiza y ver los cambios radicales de cultura y modos de vida, esa diversidad que nos hace más ricos como especie.
Me despido mis queridos viajeros Steemianos hasta una próxima publicación de esta .
*Imágenes tomadas por mi compañero de viajes
*También pueden seguir mis rutas por mi cuenta en Instagram @viajeradelr