Una noche este niño después de haber realizado su acostumbrada rutina, dominado por el sueño y el cansancio, fue a recostarse donde era ya su hogar, el depósito de basura de aquel terminal entre los cartones y desechos, su cobija era de periódico y pedazos de papel. El frio de la noche le azotaba pero gracias a su corta estatura logro meterse en un bote de basura para obtener un poco de abrigo.
Allí se quedó dormido esperando que llegara un nuevo día para continuar mendigando en las calles de aquella gran ciudad. Pero lamentablemente, los trabajadores del aseo llegaron antes de que él despertara y vaciaron los desechos, desperdicios y toda aquella basura en el camión, incluyendo al inocente niño. Enseguida la pala mecánica de aquel camión apretó toda aquella basura y un chorro de sangre fue lo que indicó que allí albergaba vida, un ser humano se encontraba entre los desechos de aquel camión.
Que contradictorio es la humanidad, se dice que los niños son el fruto del amor y el futuro de una nación, y la basura, sabemos que son todos los desechos, desperdicios, lo que no sirve. Cuando todo esto se une de la manera antes mencionada no podemos decir: ¿Qué cosa anda mal? ¿Por qué tuvo que suceder así? ¿Quién tuvo la culpa?
Hay quienes preguntan: ¿Dónde estaba Dios en ese momento? Otros culpan al gobierno… otros a los padres del niño… y otros tal vez culpan a los trabajadores del aseo.
Pero la respuesta está en nosotros, la falta de amor, nuestra indiferencia hacia Dios nos lleva a comportarnos de una manera irracional y no nos damos cuenta de ello hasta que vemos suceder delante de nuestros ojos hechos tan dantescos y escalofriantes como este relato.