Con muy pocas cosas, los ancianos y yo huimos de la comunidad a la medianoche, con la luna como nuestra silenciosa cómplice.
Me había tomado mucho tiempo reunir el valor necesario; el miedo que siento es demasiado para tolerarlo, especialmente con aquél recuerdo horrible de haber presenciado el castigo ejemplar que Jacob aplicó a los que se atrevían a irse.
Debo confesar que jamás pensé que llegaría a ver en primera fila un águila de sangre. Ver como abren la espalda de la víctima, cómo la van despellejando y cómo le rompen los huesos para sacar los pulmones... Dios, y creí que Vikings era una simple interpretación moderna de ese sacrificio humano. Supongo que el guionista Michael Hirst estaría realmente asombrado si viera tremendo ritual sangriento en vivo.
Llegando a una encrucijada, me volví hacia los ancianos y les dije que teníamos que separarnos. La mujer del profesor de Historia, cuyo nombre me era difícil de pronunciar, me regaló una pulsera de semillas que había fabricado durante su cautiverio. Mi regalo para ellos fue un abrazo y unos víveres para su viaje, con el consejo de que no se fíen de los grupos grandes.
¿Los volveré a ver alguna vez? Tengo la esperanza de que así fuera; no quiero tener que tomar la difícil decisión de matarlos si un zombie les llegara a morder.
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Parte VI
Parte VIII
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