Hvitserk Ragnarsson miró atentamente la hilera de muérdago que sus hijos pequeños colgaban en el marco de la puerta del salón mientras que su esposa Clarissa decoraba el pino que él había cortado en los días previos con manzanas y velas. En la parte
Memorias de su infancia y de su juventud llegaron a su mente. Recordó aquellos viejos días en las islas Feroe, en la fría Dinamarca; recordó los adornos que daban vida a la Sala de Hidromiel, aquellos compuestos de muérdago y frutos del bosque. Recordó aquellas grandes fiestas de Júl, la celebración del solsticio de invierno, en donde familias enteras se sentaban en la Gran Sala a comer jabalí, beber hidromiel, a reír, a recordar a los seres queridos ausentes. Todavía recordaba con nostalgia aquellas historias que Ragnar Lodbrok, o "Calzas Velludas", Sigurdsson, solía contarle a él y a sus hermanos delante del fuego del leño de Júl mientras hacían vigilia nocturna hasta el amanecer.
Sonrió quedamente mientras se sentaba en la entrada de la casa, contemplando atentamente el enorme bosque que se presentaba ante sus ojos.
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¡Feliz Navidad!
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