Era una fría noche en la casa de los Stevenson, ubicada en un vecindario cualquiera cubierto con la nieve. Eran las dos de la mañana cuando la pequeña Aurelia, de 5 años, se había levantado para ir al baño. Sin embargo, el baño estaba ocupado, por lo que se quedó de pie frente a la puerta esperando a que mamá o papá saliera.
Sin embargo, cuando la puerta se abrió, una enorme figura de orejas puntiagudas, piel castaña, ojos enormes y colmillos prominentes emergió de las sombras. La niña solo se quedó ahí, de pie, asombrada ante la presencia de aquél monstruoso ser listo para destruir lo que estuviera a su paso. Parecía que alguna tragedia estaba a punto de producirse cuando el monstruo miró a la pequeña, pero en su lugar simplemente extendió su mano... Y le dio el papel de baño.
-Gracias, papi -respondió la niña con una inocente sonrisa mientras entraba al baño.
El monstruo, un hombre lobo, esperó a que la niña saliera del baño para escoltarla de vuelta a su habitación. Durante la espera, sacó una lista de quehaceres y empezó a palomear el itinerario de la noche:
- Recorrer el perímetro: LISTO.
- Asustar a potenciales ladrones: LISTO.
- Asustar al vecino que escucha música ruidosa (¿le llaman...? No sé, pero se escucha horrible) a las tres de la mañana; perseguirlo por toda su casa, destrozar su jardín, y de paso robarme su colección de lujo de Juego de Tronos: LISTO.
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