Cuando era niña,
siempre me imaginaba
que un dragón se paraba
en mi ventana
con sus grandes alas
cubriendo al astro rey.
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Cuando era una jovencita,
el dragón aún volaba
hacia mi ventana,
pero no cubría ya el sol
con sus alas de color tornasol.
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Ahora que soy vieja,
el dragón ya no para
en mi ventana.
Pequeño se ha vuelto
y cómodo está en mi hombro
susurrándome las historias
de las aventuras que soñé tener
cuando era una niña.
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Buy me a coffee!
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