Ojo: Esta reseña contiene spoilers.
Fuente de la imagen: ABC Noticias
En un día cualquiera, Goreng despierta en una extraña celda; su compañero, un tal Trimagasi, está cumpliendo una condena por homicidio involuntario mientras que Goreng solo está ahí de manera voluntaria. Al principio, Goreng apela a la solidaridad humana, pero conforme pasan los meses empieza a conocer el lado oscuro de las personas hasta puntos insospechados.
El Hoyo, del director español Galder Gaztelu-Urrutia, es uno de los filmes más vistos en estos días; su temática ofrece diversas lecturas e interpretaciones, ya que su sencillo argumento explora las distintas facetas de la raza humana, desde la compasión hasta la crueldad y el egoísmo.
Un aspecto muy llamativo del filme es la plataforma en donde se transporta la comida. Aquélla viaja todo el día en medio de las 333 celdas, ofreciendo un banquete para los prisioneros preparado por el piso cero, o la Administración como se le llama al grupo de cocineros. Sin embargo, aquél festín solo alcanza para los primeros 50 pisos, pues a partir del piso 51 los prisioneros se enfrentan al dilema de matar o morir. Como insiste Imoguiri, una de las compañeras de celda de Goreng, se debe racionar la comida de modo que alcance para todos. Es decir, que "todo el mundo comiera lo que se necesita" para sobrevivir. Sin embargo, vemos que los de los primeros pisos hacen caso omiso a esta premisa, llegando al abuso; esto conlleva a que los habitantes de los últimos pisos cometan actos aberrantes, desde el descuartizamiento hasta el canibalismo.
Desde una perspectiva social, la plataforma y su contenido simbolizan los recursos económicos y en especie que siempre se reparte entre las distintas clases sociales; en las escenas finales, cuando Goreng y Baharat van bajando en la plataforma, notamos el estado último de la repartición de recursos: los prisioneros aplican la ley del más fuerte.
Ahora bien, ¿qué hay del final de la película? Ésta puede ofrecer diversas interpretaciones; en el universo de la película, está bastante claro que la niña representa el doble discurso que maneja la Administración, el piso cero: En teoría, los niños no entran; en la práctica, éstos entran y permanecen atrapados ahí. ¿Pero qué simboliza la niña en realidad? Me remito a William de Ockham, filósofo medieval, con su famoso principio de la parsinomia (o Navaja de Ockham): En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.
La niña representa a las futuras generaciones, a aquellas que heredarán los recursos que hoy producimos, el mundo en que vivimos. Las mismas que sufrirán las consecuencias de nuestras insensateces.
La niña en la plataforma es la infinidad del ciclo que se repite una y otra vez hasta el final de nuestros días.