Pero todo eso está montado en una construcción que más bien parece una ficción. Cuando nos forjamos como Estado-Nación se pretendía que hubiera algo que nos uniera, que pudiéramos dar razón de porqué pertenecíamos a lo mismo y entonces había que crear algo que nos identificara con ese Estado. Sólo que justo ese algo no existía sino que apenas se iba a crear como modo de unidad y defensa contra otros Estados.
Un poco de nuestra historia hispano-americana
Y es que más bien en los territorios controlados por la corona española había una élite que por un lado eran españoles nacidos en la península (españoles peninsulares) y otros que habían nacido en el continente americano (españoles americanos o criollos) que estaban por debajo de los primeros. Y siempre se hizo la distinción entre estos dos tipos de españoles, donde los peninsulares tenían acceso a los puestos altos y mantenían una cierta superioridad sobre los americanos. Y son justamente los criollos los que comienzan a tener una crisis de identidad.
Nacer criollo en América te distinguía claramente de la población indígena o mestiza, pero tampoco eras aceptado como español, pues no habías nacido ni vivido en el viejo continente. Entonces ¿qué eran ellos si no eran ni indígenas, ni mestizos, ni españoles? Pues ya que habían nacido en América les tocaba ser americanos y de ahí tomar su propia identidad, poner los elementos a los que estaban expuestos para tener algo en común con los demás.
Cuando se vienen las revoluciones de independencia van a ser los criollos los que dirijan la lucha. Aspiraban a tener los cargos que les habían sido negados por no ser españoles peninsulares. Esto es una historia corta, así que obvio muchísimas cosas. Si bien los criollos dirigían la lucha, la gran masa estaba en la población indígena, esclava, mestiza y no era algo que pudieran controlar, lo que sí es que les tocaba buscar un elemento que los unificara, pero esta fue una tarea que no se lograría en lo inmediato.
El caso de México
México ocupaba uno de los territorios más extensos del continente. Después de la independencia sus límites estaban en el sur de Estados Unidos (los actuales estados de California, Nuevo México, Utah, Arizona, Tejas) y hasta Costa Rica en Centroamérica. Pero justo al no tener una identidad común, recién dada la independencia de México, los estados centroamericanos se separaron. Años más tarde, al estar tan despoblado el norte del país facilitó que los estadounidenses incitaran el movimiento de independencia de Tejas, para después anexarse el territorio y en seguida invadir México para robar más de la mitad del territorio.
El problema fue que la identidad mexicana no existía. En México había muchas naciones indígenas, pero no estaban unificadas, y luego estaban los mestizos y criollos que claramente vivían una crisis de identidad, pues no estaban definidos de ningún modo. Y realmente no se forjaría tal identidad hasta un siglo más tarde, con la Revolución Mexicana a principios del siglo XX. En este conflicto de vocación social se logró potenciar las artes que se encargaron de dar cuerpo al orgullo nacional, pues se ensalzaron héroes revolucionarios y se recuperó el pasado indígena, al menos en cuanto al su esplendor prehispánico, pues a la población indígena se le sigue ignorando.
Y es que toda la historia recuperada tenía el poder de unificar a quienes vivían en eso que llamamos México. El pasado común justo asociado al territorio era lo que finalmente unificaba al pueblo mexicano. Hasta los descendientes de los criollos se enorgullecían de ese esplendor indígena, pues ya era parte de su cultura, si bien despreciaba al indígena de su tiempo. Las guerras contra los Estados Unidos y Franca habían hecho necesario que la gente se uniera ante la amenaza exterior. Pero todo ese orgullo nacional, que a veces es dañino, se está perdiendo hoy en día. Justo por ese fenómeno global que nos acerca cada vez más pero al mismo tiempo trata de borrar las diferencias.
Crisis identitaria
El empeño global por hacer crecer los mercados pretende de algún modo uniformar a todos, es más fácil para generar riquezas que los seres humanos tengan intereses comunes. De tal modo que el progreso se vuelve en una trampa que lleva a muchos a una crisis identitaria. Se van eliminando elementos culturales que le daban identidad a un lugar. Y es que puedes estar en prácticamente en cualquier parte del mundo y comer en un McDonalds, y esto quizás hace mella en la comida local, que podría desaparecer justo por el poder de esta y otras grandes cadenas de comida. Quizá parezca que exagero, pero basta con comparar con los abuelos cómo era su alimentación en su infancia y se verá que hay cosas que ya no han comido en décadas.
En muchos países los jóvenes ya no se sienten identificados por los elementos culturales de su nación. En México prevalece un fuerte nacionalismo, pero a veces parece un poco sin sentido. Pero no quita que se hayan ido desmontando a través de políticas económicas, donde antes había numerosas empresas mexicanas, algunas de ellas parte del estado, ahora se han vendido la gran mayoría a trasnacionales. Y los recursos naturales son entregados prácticamente gratis a empresas extranjeras que sólo buscan el beneficio económico individual sin importarles si eso beneficia o perjudica a quienes viven donde interfieren. Y quizás en el pasado el nacionalismo lograba frenar esos proyectos, pero ahora hasta parece una política del estado dejar de lado el discurso que defiende el nacionalismo.
Ahora cabe cuestionarnos si sabemos quiénes somos, de dónde venimos, y qué podemos hacer para que la identidad no se pierda. Finalmente ésta es una construcción que hacemos los pueblos, pero que también podemos perder con mucha facilidad, pues incluso ya olvidamos cómo es que nombraban nuestros antepasados los lugares donde vivimos.
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