El cráter
Debo decir que temía un poco el asunto de la altura. Ya antes había ido a otro volcán, el Popocatépetl, y había sentido el cansancio provocado por la falta de oxígeno, pero sabía que si caminaba con calma no me afectaría tanto. Emprendimos el camino muy temprano, la idea era subir mientras iba saliendo el sol, pero como es costumbre nos retrasamos, ya no vimos el amanecer, pero igual la vista era impresionante.
Vista al Valle de Toluca
Como es un lugar muy frecuentado hay una sitio en lo alto hasta donde se puede llegar en auto, después comienza el camino a pie, y donde la mayoría resentimos la falta de aire y la agitación con apenas unos cuantos pasos. Pero esa es una pequeña molestia que se puede soportar cuando te quedas maravillado con la vista.
El ascenso
Hay que ascender un buen tramo hasta llegar a un punto donde parece que nace un valle con una montaña al centro y dos lagos a los lados. Esos son los lagos del sol y la luna. Y es que este valle no es otra cosa sino el cráter. Al ser un volcán inactivo se creó un ecosistema en la cima que puede tener un clima un poco diferente una vez que sales de él, aunque a esas alturas uno sólo se entrega al frío de montaña y su fuerte viento. Yo fui en un momento en el que no estaba nevado, pero no quiero ni imaginar las bajas temperaturas que alcanza cuando todo está cubierto de blanco.
Lago de la Luna
En la cima, ya junto a los lagos, uno siente que se encuentra en la playa, es el agua con una fina arena donde te puedes sentar, sólo el frío te saca de la ilusión de estar frente al mar. Y aunque el clima te mantiene en movimiento, para agarrar calor, uno reflexiona sobre la vida, pocas veces te encuentras ante esos paisajes, pero llega el momento en el que hay que descender y te devuelve a la realidad dejando la ilusión en el recuerdo.
*Las fotos son mías
¡Gracias por leer!