Ella
Cada noche él con ella soñaba.
No sabía dónde se encontraba,
donde iba, o de donde venía,
pero si sabía que con él permanecía.
Nunca había estado con ella físicamente,
pero eso no impedía que pudiera quererla.
Tal vez todo eso que sentía, cada sueño,
cada pensamiento sería un riesgo.
Pero, ¿Qué sentido tendría la vida si no nos arriesgamos
por aquello que nos acelera el corazón?
¿Acaso vale la pena no arriesgarnos para no salir lastimados
y vivir todo el tiempo con el pensamiento de
"¿Qué hubiera pasado si...?"?
Pero no.
Él estaba seguro que ella sí valía la pena.
Que el riesgo solo sería una aventura
que le haría perder la cordura,
y si se sale lastimado lo disfrutaría.
No tenía miedo de que lo llamaran loco
o soñador solo por no seguir los paradigmas.
Él pensaba que los locos eran ellos
por no vivir lo esencial de la vida.
Amar su sonrisa.
Imaginar que escucha su voz mientras lee cada cosa que escriba.
Sentir que al él cerrar sus ojos puede ver los suyos.
Ir por la calle y ver a alguien pasar le daba la posibilidad de imaginar que es ella.
Seguir a esa persona con la mirada hasta ver desaparecer su silueta,
aún sabiendo que solo son desconocidos que observa pasar.
Lo mismo que es él para ella,
un desconocido más.
Pero no hace falta que ella pueda recordar su nombre.
No hace falta que pueda recordar quién es él.
Ese tipo de cosas no le alteraban.
Solo anhelaba el momento
en que pudiera conjugar
bocanadas de aliento con ella.
Les dejo este pequeño relato por acá, espero que sea de su agrado.
Aprovecho para anunciar que el día martes estaré publicando la segunda parte de Mi otro yo.
Muchas gracias a mi familia por siempre estar ahí cuando los necesito.
Gracias a por todo el trabajo descomunal que realizan, los admiro en serio.
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