Hoy la medicina, en la búsqueda de disminuir el dolor y agonía que causan ciertas enfermedades, propone terminar con la vida de forma prematura usando el término causar la muerte por piedad, alegando que de esta forma se eliminarían los sufrimientos finales, niños con condiciones especiales, enfermos mentales incurables y cargas demasiado pesadas a las familias.
El peligro de apoyar esta forma de suprimir el sufrimiento o de eliminar la vida, es la tendencia a apreciarla solo porque produce placer y bienestar, porque cuando aparece el sufrimiento, es visto como una amenaza, por lo que hay que eliminarlo… ¿en qué nos hemos convertido? ¿quién nos dio la potestad de decidir sobre la vida y la muerte? Muchos dirán que tenemos libre albedrío, pero ¿para decidir sobre la vida de otros?
Cada día es mayor el número de ancianos aislados de sus familias y de la sociedad, aceptando que se les aplique la eutanasia, porque ya no son productivos, generan gastos, su vida no tiene sentido o porque les estorban. Desde mi punto de vista, esto me parece atroz porque lo hacen por comodidad, es impresionante que la medicina y las investigaciones científicas se presten para esto.
Creo fervientemente en la familia, en el respeto por la vida y en la voluntad de Dios, y aunque en algunos casos interrumpir algunos tratamientos a algunos enfermos terminales que solo prolongarían una precaria vida se presenta como la mejor opción, prefiero dejar el uso de la medicina para sanar y no para otra cosa, demos amor cuando aun tenemos tiempo.