Se esperaban fuertes tormentas. El cielo parecía enojarse y descargarse sobre una selva plenamente vegetada. Aquellos gruñidos y lágrimas cayendo desde esas inmensas nubes sugerían buscar un refugio cuanto antes.
Si bien parecía divertida la idea de ver la furia de una tormenta, también podría significar un peligro al acecho.
Era de suma urgencia buscar un lugar donde meterse y si este no existía, construirlo. Por suerte Tommy es un chico con un gran potencial. Demasiado astuto y con una gran imaginación recorrió los alrededores en busca de elementos para construir su refugio. Pero había un problema mayor. No tenía la suficiente fuerza para lograrlo.
Entre idas y venidas, parecía que las esperanzas se perdían. Sin embargo su padre le enseñó que la esperanza es lo último que se pierde y que un chico como él, todo podría convertir en realidad y lograr sus sueños tanto como lo desee. Y fue entonces que encontró a alguien más en su misma situación.
Al unirse pudieron construir un refugio para guarecerse de la temible ira de la naturaleza. Eso si lograba aguantar lo suficiente puesto que no solo era lluvia intensa sino también vientos huracanados, sin exagerar. Necesitaban cuanto antes hallar una forma de fortalecer su creación, de volverla casi inmune al poder de destrucción que tiene una tormenta en plena selva.
El apoyo era mutuo, lo que no tenía uno lo tenía el otro. Tommy recordó lo explicado por su padre y que decía "El todo constituye más que la simple suma de sus partes" y al terminar de recordar eso alguien se asoma por la puerta.
Se trataba de una chica con un don. El de poder tocar y convertir algo en cristal. Pero no cualquier cristal, sino el más duro, uno con una resistencia y durabilidad similar al diamante. Y sin pensarlo convirtió el refugio en un precioso cristal.
Funcionaba muy bien. La furia desatada por la naturaleza no le hacía rasguños a ese refugio que con sudor y fuerzas lograron construir entre todos. La tormenta había pasado y era hora de volver a la normalidad.
En eso Tommy escuchó a lo lejos a alguien gritar. Era su mamá que había ido al patio de su casa a invitar a sus amigos a tomar la merienda. Todos se reunieron y disfrutaron de una buena taza de chocolate y galletas mientras el sol parecía acariciar sus rostros.