No es un secreto que el poco ingreso de la mayoría de los venezolanos se hace insuficiente para comprar los productos de primera necesidad, pagar servicios, para alimentarse o para movilizarse en transporte urbano. Además, el otro problema grave, es el papel del régimen relativo a la forma de salir del dilema en el que estamos o si, simplemente, si se va a seguir haciendo el loco y como si esto no estuviera pasando. El problema con las inflaciones altas es que suelen ser muy inestables. Los precios suelen subir y bajar con una gran furia. Desde el pasado noviembre del 2017, vimos muchos aumentos de alimentos, vestido, calzado, alquiler de viviendas y servicios como transporte y telecomunicaciones. Aunque hay un precio máximo fijado oficialmente por el gobierno, la realidad en la calle es otra. No solo los alimentos se venden por fuera de la regulación, sino que el pasaje del transporte público también aumenta cada día, dependiendo de la escasez y demanda. Cada vez hay menos unidades y las pocas existentes deben tratar de permanecer operativas.
Lo más cruel, desde que Maduro asumió el mando después de la muerte de Chávez en 2013, reitera que los males del país no son resultado de una mala política, sino más bien de una ofensiva del imperio y de los enemigos de su gobierno.