Escuché que en el mar hay un gato, esto me pareció muy extraño, esos son mamíferos que no nadan bien, como puede ahora en el mar permanecer.
Mientras nadaba, fui maullando entre las olas altas, debía saber que decir, para que el minino no se fuera a aburrir. Los maullidos bien no sonaban, aunque yo canto entonado, sé hablar cetáceo, no gatuno exagerado.
Preguntando por todo el mar, por fin lo pude encontrar, una gran sorpresa me llevé, tenía forma de pez.
No tenia orejas trianguladas, ni ojos grandes verde esmeralda, tampoco cuatro patas, ni melena despeinada. Entonces me explicó, que es un tiburón, le llaman gato por los bigotes que tiene a los lados. Es solitario, nocturno y de color café claro, habita en la profundidad y no le gusta comer dulces y de más, es un animal y debe ser ágil para presas cazar.
Con el tiburón gato entre las olas jugamos, también visitamos un barco hundido y encontramos algunos peces bonitos. Le pregunté por el tiburón blanco, porque me asustan sus dientes blancos, me aseguró que no es malo, que las películas lo han desprestigiado.
Prometió que me lo presentaría, pero otro día, ya era de noche y debía ir a buscar su comida.