Einstein y las Ondas Gravitacionales
Nuestra percepción del Universo, el entendimiento de todo lo que nos rodea, que la naturaleza nos oculta y que nos fascina como especie desde el nacimiento de la vida, acaba de dar un paso de gigante en la eterna búsqueda de respuestas para las preguntas primordiales.
Hace un par de días, miles de científicos, periodistas y público interesado en general se conectaron al «streaming» de la National Science Foundation para escuchar lo que tenían que decir los científicos de la colaboración LIGO, dos detectores gemelos operados por el MIT y el Caltech y cuya principal misión es la de localizar las esquivas ondas gravitacionales predichas hace justo un siglo por la Relatividad General de Einstein. La expectación era máxima en todo el planeta. Muchos dudaban. Otros, sin embargo, llevaban semanas enteras recopilando rumores, mails furtivos y todo tipo de indicios indirectos que hablaban de un hallazgo histórico.
En 1916, el famoso físico Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales como parte de su Teoría General de la Relatividad, pero el ser humano no había podido detectarlas, hasta el 2016.
El hallazgo proviene de la observación de la colisión de dos enormes agujeros negros en rotación cuyo movimiento está deformando el espacio tiempo. Tienen unas 30 masas solares, están a 1.300 millones de años luz de nosotros y se mueven el uno alrededor del otro a la mitad de la velocidad de la luz, distorsionando el espacio, haciéndolo vibrar. Son estas vibraciones, extremadamente pequeñas, miles de veces inferiores al diámetro de un cabello humano, las que se han detectado.
Las ondas gravitacionales existen desde el origen del Universo. Son perturbaciones en el mismo espacio-tiempo, similares a las ondas que surgen en un estanque cuando cae una hoja sobre él. Ha hecho falta un equipo internacional de 1000 investigadores de 15 países para encontrar la última pieza del puzzle relativista.
En 1916, Einstein llegó a la conclusión de la existencia de estas ondulaciones en el tejido espacio temporal sin tener a su alcance ninguno de los instrumentos de observación que existen en la actualidad. Mucho después, los astrónomos empezaron a localizar agujeros negros, y a estudiarlos. Y, entre otras cosas, a tratar de averiguar si, efectivamente, estos objetos podían emitir ondas gravitacionales.
En este gráfico podemos ver la diferencia entre lo que Einstein predijo y el resultado de la observación por parte de los científicos.
La detección de dichas ondas ahora nos permite escuchar la música del Universo, el vaiven de las ondas gravitacionales en el mar de vida y caos que es el Universo. Los próximos 30 segundos son el resultado acústico de dichas ondas. Al principio parecerá que no se oye nada, pero si esperas, poco a poco oiras surgir un parte de la canción universal.
Hace 400 años, el físico Galileo Galilei apuntó un telescopio hacia el cielo e inauguró la Astronomía moderna. Hoy estamos ante un nuevo comienzo de la Astronomía y probablemente el inicio de una nueva era que nos hará crecer en nuestro entendimiento de lo que nos rodea, quizás haciéndonos más sabios, esperemos que haciéndonos también más humildes, más humanos.